nandez
Poeta recién llegado
El último cigarrillo de la caja para comenzar la noche.
Miro el cielo, oscuro y lejano, cada vez más parecido a tus ojos.
La nube de humo que se eleva, el sonar de una guitarra a lo lejos,
la fría soledad que se acurruca en mi pecho, el pasado...
Mujer amada, busco en el silencio tu voz,
busco en el viento tu aroma, mas en el presente de mi vida afloran
simples recuerdos de una utopía romántica que alguna vez existió.
Camino a la tienda me vi reflejado en un ventanal, me vi triste,
peor aún, me noté aburrido, sin ganas; fui por cigarros y alcohol.
Arriba otra vez, arriba donde los recuerdos no me alcanzan
donde la memoria es tan pesada que prefiere no recordar.
He admirado este paisaje muchas más veces que a ti.
Estas estrellas, hermosas y condenadas,
estas montañas, amplias y misteriosas,
todas las aves, todos los sonidos, todo... he vivido aquí.
Como eres de poderosa que aun ausente te veo,
te veo aquí en mi tierra, aquí donde como, aquí donde duermo,
aquí donde amo, te veo aquí donde me veo...
Sé que te has ido, que ya no puedo tenerte,
pero en lo amargo del olvido me queda lo vivido,
y la gracia de conocerte,
y los días que no saben llegar, me traerán vidas nuevas
me traerán nuevos olores, nuevas caricias y nuevas quimeras.
Sé que algún día, de esos de verano, donde los amores,
se vuelven más intensos, te veré. Pero no sentiré culpa,
yo que ya nada tengo, yo que ya todo lo he dado,
yo que mi corazón vertí en tus labios, no sentiré culpa;
Así, más adelante podré continuar, sin cadenas ni condenas
y cuando regrese la mirada, no te veré más, ni tus ojos,
ni tu piel ni tu boca, ni tu sonrisa loca, ni lo que perdí,
solo las montañas, el cielo, las aves todas, mas no te veré a ti...
Miro el cielo, oscuro y lejano, cada vez más parecido a tus ojos.
La nube de humo que se eleva, el sonar de una guitarra a lo lejos,
la fría soledad que se acurruca en mi pecho, el pasado...
Mujer amada, busco en el silencio tu voz,
busco en el viento tu aroma, mas en el presente de mi vida afloran
simples recuerdos de una utopía romántica que alguna vez existió.
Camino a la tienda me vi reflejado en un ventanal, me vi triste,
peor aún, me noté aburrido, sin ganas; fui por cigarros y alcohol.
Arriba otra vez, arriba donde los recuerdos no me alcanzan
donde la memoria es tan pesada que prefiere no recordar.
He admirado este paisaje muchas más veces que a ti.
Estas estrellas, hermosas y condenadas,
estas montañas, amplias y misteriosas,
todas las aves, todos los sonidos, todo... he vivido aquí.
Como eres de poderosa que aun ausente te veo,
te veo aquí en mi tierra, aquí donde como, aquí donde duermo,
aquí donde amo, te veo aquí donde me veo...
Sé que te has ido, que ya no puedo tenerte,
pero en lo amargo del olvido me queda lo vivido,
y la gracia de conocerte,
y los días que no saben llegar, me traerán vidas nuevas
me traerán nuevos olores, nuevas caricias y nuevas quimeras.
Sé que algún día, de esos de verano, donde los amores,
se vuelven más intensos, te veré. Pero no sentiré culpa,
yo que ya nada tengo, yo que ya todo lo he dado,
yo que mi corazón vertí en tus labios, no sentiré culpa;
Así, más adelante podré continuar, sin cadenas ni condenas
y cuando regrese la mirada, no te veré más, ni tus ojos,
ni tu piel ni tu boca, ni tu sonrisa loca, ni lo que perdí,
solo las montañas, el cielo, las aves todas, mas no te veré a ti...
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