Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
No tengo más que mirarte
para crecer sonriendo
a lo que entiendo y no entiendo,
entre el vivir y el amarte.
Busco donde cobijarte
haciéndome a tu medida,
cobijarte con mi vida
y mi vida regalarte.
La luz que alumbra el camino
surge del sol de tu cara,
y de un forma preclara
se adueña de mi destino;
nada brota clandestino
si nace de tu inocencia
con esa benevolencia
de tu mirar diamantino.
Creo en tu boca serena
presa y liberta del beso
cuando me aquieta el exceso
si el exceso me condena.
Ya el reloj no tiene arena
y sin tiempo te amo eterno,
creo en ti sanando invierno
y deshaciendo mi pena.
Vivo más alto y más fuerte
al soco de tus caderas,
bien asido y bien de veras,
con virtud y buena suerte;
nada temo de la muerte
sin tu daga en mi costado,
si me siento enajenado
y mi locura es quererte.
Busco alzarme venturoso
hasta darme todo entero
a tu espacio verdadero
que me abraza poderoso;
darte el fuego vigoroso
que se oculta en mi cintura
y a buchitos de ternura
darte el cielo más hermoso.
De tu nombre bebo ardiente
la verdad que legitima,
la pasión que no escatima
por brindarse felizmente;
su sonido dulcemente
suena a música bendita,
y mi nombre necesita
de tu nombre claramente.
No tengo más que mirarte
para crecer sonriendo
a lo que entiendo y no entiendo,
entre el vivir y el amarte.
Lo mejor de conquistarte
es haberme conquistado,
entregarme a tu cuidado
y entre mis brazos cuidarte...
No tengo más que mirarte.
para crecer sonriendo
a lo que entiendo y no entiendo,
entre el vivir y el amarte.
Busco donde cobijarte
haciéndome a tu medida,
cobijarte con mi vida
y mi vida regalarte.
La luz que alumbra el camino
surge del sol de tu cara,
y de un forma preclara
se adueña de mi destino;
nada brota clandestino
si nace de tu inocencia
con esa benevolencia
de tu mirar diamantino.
Creo en tu boca serena
presa y liberta del beso
cuando me aquieta el exceso
si el exceso me condena.
Ya el reloj no tiene arena
y sin tiempo te amo eterno,
creo en ti sanando invierno
y deshaciendo mi pena.
Vivo más alto y más fuerte
al soco de tus caderas,
bien asido y bien de veras,
con virtud y buena suerte;
nada temo de la muerte
sin tu daga en mi costado,
si me siento enajenado
y mi locura es quererte.
Busco alzarme venturoso
hasta darme todo entero
a tu espacio verdadero
que me abraza poderoso;
darte el fuego vigoroso
que se oculta en mi cintura
y a buchitos de ternura
darte el cielo más hermoso.
De tu nombre bebo ardiente
la verdad que legitima,
la pasión que no escatima
por brindarse felizmente;
su sonido dulcemente
suena a música bendita,
y mi nombre necesita
de tu nombre claramente.
No tengo más que mirarte
para crecer sonriendo
a lo que entiendo y no entiendo,
entre el vivir y el amarte.
Lo mejor de conquistarte
es haberme conquistado,
entregarme a tu cuidado
y entre mis brazos cuidarte...
No tengo más que mirarte.