jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
el mejor momento de tu vida tal vez ocurriese
sin que tú hayas sido consciente de que ocurría
tal vez en medio de un sueño, por ejemplo
donde por un instante tu alma vislumbró
-entre la turbia niebla de la experiencia onírica-
la mirada mágica de unos ojos como nunca viste antes
y supiste de pronto en tu inconsciente que la mujer de esos ojos
guardaba en su pecho el secreto de tu felicidad
y que de haber sido posible encontrarla y conocerse
fuera de los irreales confines del mundo de los sueños
la vida con ella habría convertido en un acontecimiento maravilloso
tu triste y apagada existencia sin rumbo
y habrías comprendido de qué va este puto asunto de vivir
y llegado a sentir tal vez la envolvente certeza del amor
del que a fin de cuentas sólo vislumbraste esa fugaz visión
una opaca mirada en medio de un sueño
que al despertar se esfumó de tu mente sin dejar
nada más que un difuso hálito de esperanza
y esa desusada sonrisa en tu cara
y la inexplicable lucecita brillando en tus ojos
que al advertirla poco después cuando te miraste al espejo
te hizo pensar "seguro habré soñado algo bonito"
y el peor momento de tu vida tal vez ocurriese
sin que te hayas percatado siquiera de que ocurría
una tarde cualquiera de abril, digamos
-o de mayo, o de junio, quién sabe-
quizás en medio de una calle en el centro
cuando mirabas el escaparate de una librería
y leías los títulos de las novedades recién publicadas
a ver si acaso había llegado la última novela de mankell
y de tan concentrado y absorto que te hallabas
no te percataste de que justo entonces a tus espaldas pasaba
aquella mujer idéntica a la mujer cuyos ojos miraste
en el fondo de aquel turbio y ya distante y olvidado sueño
y cuya fugaz mirada había grabado
una huella invisible en tu interior
que aun sin tú saberlo aligeró tu atribulado espíritu
y sin duda predispuso las cosas para que al paso del tiempo
un año después, tal vez, -o dos o tres o los que fuesen-
de un casual encuentro en la calle con una desconocida
de una mirada rápida a sus ojos pudiera surgir
-ahora en el tiempo real de los sucesos diurnos-
la réplica exacta del instante aquel del sueño
y que la magia ocurriera entonces de nuevo
y dejara de ser todo tan absurdo y gris y delicuescente
y pudieran las cosas... oh, en fin;
como sea la oportunidad se esfumó
tú clavabas la vista hacia el fondo del escaparate
ella apretaba el paso para alcanzar a llegar a la esquina
antes que la luz del semáforo cambiara a rojo;
el momento en que tu pendeja vida no cambió
pasó de largo sin que tú te dieras cuenta de nada
y la novela de mankell que compraste esa tarde
resultó ser una completa mierda
qué puto y jodido desmadre es la vida
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