No tienes que hablar,
ni explicarme tu pasado,
ni tu forma de pensar.
Eso se lo dejo al tiempo
en el que veré tus obras
y te reconoceré.
Hoy no tienes que decirme
porque tu alma es libre
y se ha escapado a susurrarme
sin necesidad de hablarme.
Tu mirada la ha dejado escapar,
cuando consentiste verme
y ha encontrado en mi mirada
cuando mi alma se asomaba
y ahora tus adentros desean conocerme.
Hoy ella me ha contado
el afán de tu silencio
y con ello me ha enseñado
que hay que pagar un precio.
También me ha murmurado
que tu mente ha encarcelado
a un corazón aún inocente
pese a tus años de experiencia.
No tienes que hablar,
aunque no te escucho
te has delatado.
Bendito el espacio de la brisa
que une nuestras almas.
Entre un mar de caras encontré el escondite de tu escencia,
Tu alma.
¡Bendito escondite!
Tu mirada.
Última edición: