Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
NO VALE LA PENA
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No vale la pena el papel,
que cobija el sentimiento;
todo el amor de esta piel
y su calor que hurta al viento.
Ese que besó al sol
y que trajo corriendo,
la pasión de fuego de él,
su propio sentimiento.
Y ese papel cobija,
como amigo, compañero,
con agudeza prolija,
la huella de aquel esmero;
con que el tiempo se ha empeñado,
en clavar sus estribos,
su látigo desalmado,
en mi pecho ya curtido,
de su constante raspado,
de saña, burla y olvido.
No vale la pena el clavel,
que clava en nuestras miradas,
su hermosura poco menos,
que el de la rosa mimada.
No vale la pena en buqué,
no vale la pena prensado,
en su tallo por las cintas,
ensangrentadas de mayo.
No vale la pena ni aún,
en una póstuma ofrenda,
pues la saña del amor,
lleva al infierno su rienda.
No vale la pena la rosa,
su tersura y su belleza,
ni siquiera porque posa,
en ella toda realeza,
de la hermosura floral.
No vale la pena su halo,
no vale, porque el mal
lo ha causado su gloria.
Como esa gloria maldita,
que me ha podido matar,
con muerte de saña y celo,
con muerte y muerte de amar.
No vale la pena en blanco,
ni en rosa, ni en sol.
No vale ni en rojo caudal.
No vale la pena la luna,
que camina en altivez,
alucinando a los lobos,
nocturnos, feroces
y a otros que en avidez,
engalanan sus voces,
para llevarlas a los pies,
de otras lunas plateadas,
más bellas y rebozadas,
de orgullo y más altivez.
No vale la luna blanca,
¡cómplice de hermosura¡.
No vale ya su blancura,
más negra que un pecado,
negra en vileza y bravura,
porque por ella he quedado,
muerto en muerte
y en locura.
No vale ésta vida dura,
sin ti amor, vida, sueño;
no vale la pena su aire,
ya no quiero ser su dueño.
Ya no quiero el veneno,
del amor con su desaire,
con su celo.
Solo vale la pena, amor,
tu amor, tu brisa, tu aire,
...tu celo.
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No vale la pena el papel,
que cobija el sentimiento;
todo el amor de esta piel
y su calor que hurta al viento.
Ese que besó al sol
y que trajo corriendo,
la pasión de fuego de él,
su propio sentimiento.
Y ese papel cobija,
como amigo, compañero,
con agudeza prolija,
la huella de aquel esmero;
con que el tiempo se ha empeñado,
en clavar sus estribos,
su látigo desalmado,
en mi pecho ya curtido,
de su constante raspado,
de saña, burla y olvido.
No vale la pena el clavel,
que clava en nuestras miradas,
su hermosura poco menos,
que el de la rosa mimada.
No vale la pena en buqué,
no vale la pena prensado,
en su tallo por las cintas,
ensangrentadas de mayo.
No vale la pena ni aún,
en una póstuma ofrenda,
pues la saña del amor,
lleva al infierno su rienda.
No vale la pena la rosa,
su tersura y su belleza,
ni siquiera porque posa,
en ella toda realeza,
de la hermosura floral.
No vale la pena su halo,
no vale, porque el mal
lo ha causado su gloria.
Como esa gloria maldita,
que me ha podido matar,
con muerte de saña y celo,
con muerte y muerte de amar.
No vale la pena en blanco,
ni en rosa, ni en sol.
No vale ni en rojo caudal.
No vale la pena la luna,
que camina en altivez,
alucinando a los lobos,
nocturnos, feroces
y a otros que en avidez,
engalanan sus voces,
para llevarlas a los pies,
de otras lunas plateadas,
más bellas y rebozadas,
de orgullo y más altivez.
No vale la luna blanca,
¡cómplice de hermosura¡.
No vale ya su blancura,
más negra que un pecado,
negra en vileza y bravura,
porque por ella he quedado,
muerto en muerte
y en locura.
No vale ésta vida dura,
sin ti amor, vida, sueño;
no vale la pena su aire,
ya no quiero ser su dueño.
Ya no quiero el veneno,
del amor con su desaire,
con su celo.
Solo vale la pena, amor,
tu amor, tu brisa, tu aire,
...tu celo.
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