aurigae
Poeta recién llegado
No voy hablar del color del arcoíris
Que tiñe envidias y soledades enemigas
Ni tampoco del tono de falsedades,
Ni del sabor de la desilusión que inspira la lluvia en la tormenta.
Tampoco hablare de corazones que dibujan los arboles en sus cortezas,
No diré que el amanecer es efecto y proyecto
Del secuestro por parte del sol a las estrellas.
No mencionaré el tacto del viento que es el aire
Que juega con mis poros bailando una vieja canción.
No insinuaré que el tiempo es solo un juguete del universo,
Ni pretenderé decir que las horas son invenciones de estrellas demasiado fugaces.
No han tenido ni una mirada de consideración,
Excepto la del sonido,
En el equilibrio desafinado de tosca voz.
No hablaré tampoco de las palabras,
No diré que en ellas emerge la vida,
No diré que en ellas se satisface el deseo de la expresión,
No diré que sin ellas no soy nada, ni intentaré expresar
Que pesan en la experiencia y que son invisibles en la justicia
No hablare de la sonrisa del agua que se congela en el desuso.
Tampoco ahora voy a escupir verdades que agraven mentiras
No voy hablar de desidia, no voy a explicar el calor del abrazo
Ni la satisfacción de recreo, ni oiré el timbre,
Tampoco hoy llegaré tarde, tampoco intentaré no hacerlo.
No voy a esbozar el genio del paraíso encerrado en un cuerpo limitado,
No voy a intentar sentir el odio por y del mundo.
No extrañaré momentos, no recordaré nada.
Moriré en la memoria del segundo que no existe.
Tampoco hoy me fijaré en el color del día,
Tampoco describiré lo que no vea cuando mire,
No intentare prometer, tampoco creeré promesas.
No dibujare esmeraldas con las copas de los arboles,
No oiré cantar, no oiré llantos arraigados en la penumbra.
No diré que me importe, no insinuare indiferencia.
No poseeré verdades, no tendré razones,
Ni valorare espasmos de lluvia sobre desiertos.
No sentiré el miedo, no navegaré sin rumbo,
Tampoco lo haré con él.
No arriesgaré le tiempo que no me queda en perderlo
Muriendo en vida, no tendré intriga por lo desconocido,
No sentiré el retorcido peso de las injusticias,
No podré salvar a los gestos de avaricias,
No serán astucias las que engrandezcan el carisma.
Ni llegare a la orilla sin haberme ahogado al menos dos veces.
No perteneceré a los que piensan
Que es necesario Tener red para tener peces.
No tendré ni ruido ni nueces.
No habré huido de lo que me persigue,
Ni estaré ahí cuando llegue,
No desplegare el pliegue de lo enrevesado
Ni tampoco lo reduciré a lo simple y llano.
No voy a esperar más, nunca he esperado.
Quizás pierda el suelo por el que me deslizo,
Quizá solo haya sido un sueño,
Tal vez me pierda y nunca en encuentre,
Puede ser que sepa que estaré conmigo siempre.
Puede que siembre tempestades y recoja verdades,
Puede que imagine y se torne en realidades,
Puede que reinicie le mundo y
Transforme en volátiles perfumes que abriguen el universo,
Puedo que lo haga, puede que solo sea un cuento.
Puedo creerlo, puedo hacerlo.
Que tiñe envidias y soledades enemigas
Ni tampoco del tono de falsedades,
Ni del sabor de la desilusión que inspira la lluvia en la tormenta.
Tampoco hablare de corazones que dibujan los arboles en sus cortezas,
No diré que el amanecer es efecto y proyecto
Del secuestro por parte del sol a las estrellas.
No mencionaré el tacto del viento que es el aire
Que juega con mis poros bailando una vieja canción.
No insinuaré que el tiempo es solo un juguete del universo,
Ni pretenderé decir que las horas son invenciones de estrellas demasiado fugaces.
No han tenido ni una mirada de consideración,
Excepto la del sonido,
En el equilibrio desafinado de tosca voz.
No hablaré tampoco de las palabras,
No diré que en ellas emerge la vida,
No diré que en ellas se satisface el deseo de la expresión,
No diré que sin ellas no soy nada, ni intentaré expresar
Que pesan en la experiencia y que son invisibles en la justicia
No hablare de la sonrisa del agua que se congela en el desuso.
Tampoco ahora voy a escupir verdades que agraven mentiras
No voy hablar de desidia, no voy a explicar el calor del abrazo
Ni la satisfacción de recreo, ni oiré el timbre,
Tampoco hoy llegaré tarde, tampoco intentaré no hacerlo.
No voy a esbozar el genio del paraíso encerrado en un cuerpo limitado,
No voy a intentar sentir el odio por y del mundo.
No extrañaré momentos, no recordaré nada.
Moriré en la memoria del segundo que no existe.
Tampoco hoy me fijaré en el color del día,
Tampoco describiré lo que no vea cuando mire,
No intentare prometer, tampoco creeré promesas.
No dibujare esmeraldas con las copas de los arboles,
No oiré cantar, no oiré llantos arraigados en la penumbra.
No diré que me importe, no insinuare indiferencia.
No poseeré verdades, no tendré razones,
Ni valorare espasmos de lluvia sobre desiertos.
No sentiré el miedo, no navegaré sin rumbo,
Tampoco lo haré con él.
No arriesgaré le tiempo que no me queda en perderlo
Muriendo en vida, no tendré intriga por lo desconocido,
No sentiré el retorcido peso de las injusticias,
No podré salvar a los gestos de avaricias,
No serán astucias las que engrandezcan el carisma.
Ni llegare a la orilla sin haberme ahogado al menos dos veces.
No perteneceré a los que piensan
Que es necesario Tener red para tener peces.
No tendré ni ruido ni nueces.
No habré huido de lo que me persigue,
Ni estaré ahí cuando llegue,
No desplegare el pliegue de lo enrevesado
Ni tampoco lo reduciré a lo simple y llano.
No voy a esperar más, nunca he esperado.
Quizás pierda el suelo por el que me deslizo,
Quizá solo haya sido un sueño,
Tal vez me pierda y nunca en encuentre,
Puede ser que sepa que estaré conmigo siempre.
Puede que siembre tempestades y recoja verdades,
Puede que imagine y se torne en realidades,
Puede que reinicie le mundo y
Transforme en volátiles perfumes que abriguen el universo,
Puedo que lo haga, puede que solo sea un cuento.
Puedo creerlo, puedo hacerlo.