En un momento mágico, de esos que parecen ficticios,
pintados por un daltónico en una noche de borrachera,
el sol y la luna se encontraron juntos en el firmamento.
Ella lucía un vestido de noche con lentejuelas plateadas,
él, con su corona y su dorada cabellera,
pasó frente a ella
y por un segundo la pista de baile se iluminó
con los destellos de plata y oro de ambos
entremezclándose en un fugaz y distante beso.
El tono anaranjado del atardecer se torno del color del vino tinto
y el sol desapareció tras el horizonte; levanté la vista al cielo
y vi cómo había sido más que un beso
lo de aquella noche entre el astro rey y su dama.
Oí cómo un lobo aullaba a la luna embarazada.
A las seis de la madrugada pude ver cómo daba a luz a un nuevo amanecer
y cómo el padre de la criatura, rey de los astros, salía por el este
para conocer al retoño.
Como llanto de recién nacido,
que pese a ser llanto, da alegría,
oí los pájaros cantando.
Había amanecido.
pintados por un daltónico en una noche de borrachera,
el sol y la luna se encontraron juntos en el firmamento.
Ella lucía un vestido de noche con lentejuelas plateadas,
él, con su corona y su dorada cabellera,
pasó frente a ella
y por un segundo la pista de baile se iluminó
con los destellos de plata y oro de ambos
entremezclándose en un fugaz y distante beso.
El tono anaranjado del atardecer se torno del color del vino tinto
y el sol desapareció tras el horizonte; levanté la vista al cielo
y vi cómo había sido más que un beso
lo de aquella noche entre el astro rey y su dama.
Oí cómo un lobo aullaba a la luna embarazada.
A las seis de la madrugada pude ver cómo daba a luz a un nuevo amanecer
y cómo el padre de la criatura, rey de los astros, salía por el este
para conocer al retoño.
Como llanto de recién nacido,
que pese a ser llanto, da alegría,
oí los pájaros cantando.
Había amanecido.