Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Noche de acrobacias y penas
Jacinto y Joaquín buscando un escape,
Jacinto impaciente, un amor que lo trate,
Joaquín indiferente, mirando el escaparate,
el maniquí se parece a su madre y se atormenta.
Son las tres de la mañana, el show comienza,
Jacinto gasta pola, le tiembla la pierna,
Joaquín adormilado, con el alma en pena.
por una almohada de su catre y una novia que lo quiera.
Jacinto habla de Dios y solloza en su fe,
Joaquín no cree mucho en él, pero se siente pecando,
unas piernas perfectas se mueven en la noche,
más negras que este teatro de los ladrones.
Joaquín y Jacinto son amigos de barrio,
de chistes, tristezas y de calendario
hoy el antagonismo esta de su lado,
aunque ahora dos mentes solo piensan en Rosario.
Rosario, el mito de los antros del amor,
ella baila como llueve el cielo,
y hace el amor como huele un paraíso terreno,
mira los dos hombres con dulzura, y Jacinto más nervioso pierde la cordura.
Joaquín de su mala experiencia,
siente aun trasboco,
recuerda una vagina abyecta y loca de que se viniera,
sin más expresión en el rostro que rencor, sidoso -le dijo-,
no sabe porque vuelve a estos sitios del demonio.
El no quería ser un hombre de burdel,
de los que prefieren la mierda afuera, teniendo en la casa pastel,
solo fue un error a sus castos veintiún años:
un amor no correspondido y una noche de tragos.
Jacinto confundido sale solo del cuarto,
odiando con su verga, la frescura,
y el mal servicio de Rosario.
Buscando a Joaquin, se distrae en las acrobacias,
- Joaquín que se muera. ¿O cuál es la gracia?-
Luego ve a Estefanía,
el segundo mito de los antros del amor...
Pide otra cerveza Jacinto,
con su mismo tic en la pierna.
Joaquin sale en silencio.
Jacinto y Joaquín buscando un escape,
Jacinto impaciente, un amor que lo trate,
Joaquín indiferente, mirando el escaparate,
el maniquí se parece a su madre y se atormenta.
Son las tres de la mañana, el show comienza,
Jacinto gasta pola, le tiembla la pierna,
Joaquín adormilado, con el alma en pena.
por una almohada de su catre y una novia que lo quiera.
Jacinto habla de Dios y solloza en su fe,
Joaquín no cree mucho en él, pero se siente pecando,
unas piernas perfectas se mueven en la noche,
más negras que este teatro de los ladrones.
Joaquín y Jacinto son amigos de barrio,
de chistes, tristezas y de calendario
hoy el antagonismo esta de su lado,
aunque ahora dos mentes solo piensan en Rosario.
Rosario, el mito de los antros del amor,
ella baila como llueve el cielo,
y hace el amor como huele un paraíso terreno,
mira los dos hombres con dulzura, y Jacinto más nervioso pierde la cordura.
Joaquín de su mala experiencia,
siente aun trasboco,
recuerda una vagina abyecta y loca de que se viniera,
sin más expresión en el rostro que rencor, sidoso -le dijo-,
no sabe porque vuelve a estos sitios del demonio.
El no quería ser un hombre de burdel,
de los que prefieren la mierda afuera, teniendo en la casa pastel,
solo fue un error a sus castos veintiún años:
un amor no correspondido y una noche de tragos.
Jacinto confundido sale solo del cuarto,
odiando con su verga, la frescura,
y el mal servicio de Rosario.
Buscando a Joaquin, se distrae en las acrobacias,
- Joaquín que se muera. ¿O cuál es la gracia?-
Luego ve a Estefanía,
el segundo mito de los antros del amor...
Pide otra cerveza Jacinto,
con su mismo tic en la pierna.
Joaquin sale en silencio.
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