En una noche furibunda el viento golpeaba las vidrieras de la iglesia embrujada. Un párroco que estaba haciendo el velatorio por el descanso de las ánimas subyacentes al carcomido cementerio de mármol musgoso estaba dentro, rezando a la imagen pulcra pero despiadada en su seco dolor del redentor. Pero un susurro sobrenatural lo interrumpió mientras musitaba letanías a su dios de miseria y compasión. Se dio sudoroso la vuelta y no vio nada. Entonces, comenzó a rezar con más frenesí. Pero de un golpe funesto las vidrieras estallaron en un alarido aciago que conmovió al cura macilento tras los cirios de llameante luz sobrenatural. Entonces se levantó, abrió la puerta central de la iglesia y vio un maremágnum de espectros fúnebres,dispuestos a poseer su alma para llevarlo al cautiverio de una funesta locura.