Lope
Poeta adicto al portal
Hoy te encuentro dormida, soñando
tienes una sonrisa pintada,
en tu hermosa cara
y yo me quedo mirando.
Te ves feliz de oreja a oreja,
tus ojos cerrados reflejan tranquilidad.
Me da un ataque de ansiedad
y quiero penetrar tu mente por el entrecejo.
Quiero saber qué piensas,
qué es lo que imaginas.
Pero no puedo entrar en tu cabeza
y escribir páginas prohibidas.
Mejor escribo más páginas en cuaderno,
donde los renglones parecen eternos,
al igual que los sueños que tenemos.
Ayer te vi en una hoja arrugada,
caminabas sin pensar,
tu cabello acentuaba tu mirada.
Tus pasos en la arena eran borrados por el mar,
tu caminar no iba dejando nada.
Yo te seguí con mi pluma,
a todo galope sobre las líneas.
Iba rápido como tú por mis corrientes sanguíneas.
La luna te miraba
y me miraba detenida.
El sol paseaba sus rayos
entre cada esquina.
Y no dejaba cabida
en estos cuerpos andantes,
ni siquiera una vida,
ni un simple instante.
Apurada ibas trotanto sobre el viento,
parecías humo subiendo lento.
Me dejaste sin aliento más de un segundo
y este vagabundo no te perdió ni un momento.
Mientras subías las nubes te acobijaban,
yo te seguía a paso firme desde mi almohada.
Llegamos casi juntos al desván
y de repente una nube de polvo de hadas.
Nos lleno de brillo y alergia,
pero alegría sentía en tu presencia.
Tú no entendías que hacía yo ahí,
pero no importaba, estaba frente a ti.
Te dije: Hola, te he estado siguiendo;
me respondiste: ¿Quién eres?;
te dije: Perdón si me estoy entrometiendo;
y tú dijiste: ¿haces esto con todas las mujeres?
No, no lo hacía, sólo por ti.
Es que desde que vi tu estela,
quede en el cielo como una pequeña estrella.
No pude bajar de ahí donde me pusiste,
en mi mente tu sonrisa y unos malos chistes.
Me conquistaste,
me hechizaste y me quisiste.
Aún cuando te acosaba
incluso en mi cabeza.
Y te besé como nunca había besado
y me acosté a un costado tuyo,
para poder dejar salir el orgullo.
Y me enseñaste lo que es el amar,
en la cama, en el piso, junto al mar
me enseñaste lo bello que es el alba,
sin siquiera apartar de ti la mirada.
tienes una sonrisa pintada,
en tu hermosa cara
y yo me quedo mirando.
Te ves feliz de oreja a oreja,
tus ojos cerrados reflejan tranquilidad.
Me da un ataque de ansiedad
y quiero penetrar tu mente por el entrecejo.
Quiero saber qué piensas,
qué es lo que imaginas.
Pero no puedo entrar en tu cabeza
y escribir páginas prohibidas.
Mejor escribo más páginas en cuaderno,
donde los renglones parecen eternos,
al igual que los sueños que tenemos.
Ayer te vi en una hoja arrugada,
caminabas sin pensar,
tu cabello acentuaba tu mirada.
Tus pasos en la arena eran borrados por el mar,
tu caminar no iba dejando nada.
Yo te seguí con mi pluma,
a todo galope sobre las líneas.
Iba rápido como tú por mis corrientes sanguíneas.
La luna te miraba
y me miraba detenida.
El sol paseaba sus rayos
entre cada esquina.
Y no dejaba cabida
en estos cuerpos andantes,
ni siquiera una vida,
ni un simple instante.
Apurada ibas trotanto sobre el viento,
parecías humo subiendo lento.
Me dejaste sin aliento más de un segundo
y este vagabundo no te perdió ni un momento.
Mientras subías las nubes te acobijaban,
yo te seguía a paso firme desde mi almohada.
Llegamos casi juntos al desván
y de repente una nube de polvo de hadas.
Nos lleno de brillo y alergia,
pero alegría sentía en tu presencia.
Tú no entendías que hacía yo ahí,
pero no importaba, estaba frente a ti.
Te dije: Hola, te he estado siguiendo;
me respondiste: ¿Quién eres?;
te dije: Perdón si me estoy entrometiendo;
y tú dijiste: ¿haces esto con todas las mujeres?
No, no lo hacía, sólo por ti.
Es que desde que vi tu estela,
quede en el cielo como una pequeña estrella.
No pude bajar de ahí donde me pusiste,
en mi mente tu sonrisa y unos malos chistes.
Me conquistaste,
me hechizaste y me quisiste.
Aún cuando te acosaba
incluso en mi cabeza.
Y te besé como nunca había besado
y me acosté a un costado tuyo,
para poder dejar salir el orgullo.
Y me enseñaste lo que es el amar,
en la cama, en el piso, junto al mar
me enseñaste lo bello que es el alba,
sin siquiera apartar de ti la mirada.