A veces, no se ofendan,
la mujer es noche loca,
sabor a lodo y a tierra,
a agua de lluvia y barro,
con fuerte olor a pescado fresco,
a musgos y sardinas,
a hedor salvaje de amasijo
de algas marinas en la orilla.
-¡pobrecita mía!-
Entonces, sin ella sospecharlo,
clavas tus raíces -y tus dientes-
en cada pequeño rincón
de su mar brava y salada,
y te quemas, y respiras apenas
con su sexo de volcán de fuego
que corre por tus venas.
A veces, no se ofendan,
la mujer es el manjar
que en noche oscura
desgarras con el ímpetu
del león en la espesura,
y regresas a esas luchas
ancestrales
que por momentos celestiales
te han hecho olvidar
el panteón de la amargura.
Se derrite la vergüenza
que se torna salvajemente lasciva
al derrotar con el calor las penas,
¿Hasta dónde retrocede el hombre
en estas noches de pasión
y desenfreno?
Regresa, seguramente, a las cavernas
para escrutar los recodos
del relieve de sus techos
por si alguien , casualmente,
llegó a dejar pintado
el secreto oscuro de los cielos.
la mujer es noche loca,
sabor a lodo y a tierra,
a agua de lluvia y barro,
con fuerte olor a pescado fresco,
a musgos y sardinas,
a hedor salvaje de amasijo
de algas marinas en la orilla.
-¡pobrecita mía!-
Entonces, sin ella sospecharlo,
clavas tus raíces -y tus dientes-
en cada pequeño rincón
de su mar brava y salada,
y te quemas, y respiras apenas
con su sexo de volcán de fuego
que corre por tus venas.
A veces, no se ofendan,
la mujer es el manjar
que en noche oscura
desgarras con el ímpetu
del león en la espesura,
y regresas a esas luchas
ancestrales
que por momentos celestiales
te han hecho olvidar
el panteón de la amargura.
Se derrite la vergüenza
que se torna salvajemente lasciva
al derrotar con el calor las penas,
¿Hasta dónde retrocede el hombre
en estas noches de pasión
y desenfreno?
Regresa, seguramente, a las cavernas
para escrutar los recodos
del relieve de sus techos
por si alguien , casualmente,
llegó a dejar pintado
el secreto oscuro de los cielos.
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