Emborráchame con tu mirar.
Déjame trepar, o bajar por tu paraíso.
Perder el sentido, ser Baco y Dionisio.
Creando un instante para la eternidad.
¿Cómo descifrar el sentido de tus ojos
para así alcanzar a tu ardor o a tu arte?
Cantarte una poesía con mis dedos.
Sentirte y tocarte, o solo tocarte.
Son las luces de neón.
Son los grados del alcohol.
Es mi subconsciente
a flor de mirada.
Desátalo, desátalo.
En esta noche de diciembre,
acércate.
Mis deseos y sus límites, tú marcándolos.
Divago en soledad, ruge imaginación.
Redención momentánea, posibilidad.
Buscando la manera, tu ser mi debilidad.
La realidad susurra un canto fúnebre.
Tus labios, tu pelo, tus manos, mi voz
interior, la líbido, su palabra atroz.
Tú la revolución y yo su comandante.
La belleza que nace del estado del deseo.
Podría ser un juego, películas me creo.
Aquel quizás de niebla se recubre.
El haberte conocido es lo que a mí me ocurre.
Me abduces y no pongo remedio.
Espero que tu aroma se suavice.
Me tienes anclado, y no es ningún misterio.
O me matas, o mejor que cicatrices.
Son las luces de neón.
Son los grados del alcohol.
Es mi subconsciente
a flor de mirada.
Desátalo, desátalo.
En esta noche de diciembre,
acércate.
Déjame trepar, o bajar por tu paraíso.
Perder el sentido, ser Baco y Dionisio.
Creando un instante para la eternidad.
¿Cómo descifrar el sentido de tus ojos
para así alcanzar a tu ardor o a tu arte?
Cantarte una poesía con mis dedos.
Sentirte y tocarte, o solo tocarte.
Son las luces de neón.
Son los grados del alcohol.
Es mi subconsciente
a flor de mirada.
Desátalo, desátalo.
En esta noche de diciembre,
acércate.
Mis deseos y sus límites, tú marcándolos.
Divago en soledad, ruge imaginación.
Redención momentánea, posibilidad.
Buscando la manera, tu ser mi debilidad.
La realidad susurra un canto fúnebre.
Tus labios, tu pelo, tus manos, mi voz
interior, la líbido, su palabra atroz.
Tú la revolución y yo su comandante.
La belleza que nace del estado del deseo.
Podría ser un juego, películas me creo.
Aquel quizás de niebla se recubre.
El haberte conocido es lo que a mí me ocurre.
Me abduces y no pongo remedio.
Espero que tu aroma se suavice.
Me tienes anclado, y no es ningún misterio.
O me matas, o mejor que cicatrices.
Son las luces de neón.
Son los grados del alcohol.
Es mi subconsciente
a flor de mirada.
Desátalo, desátalo.
En esta noche de diciembre,
acércate.