Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
NOCHE DE GUARDIA EN EL HOSPITAL...
( En el sombrío manicomio, el médico de guardia al crecer la noche del crudo invierno, sueña con hilvanar palabras robándole horas al sueño...)
Hondo silencio. Qué noche fría.
Todo está quieto en el hospital.
Ha terminado el trajín del día,
abierto el libro de filosofía
que nuevas ideas despertará,
mudo me ofrece su compañía
para que vuelque en la poesía
cuantos conceptos pueda apresar.
Junto a la taza de té vacía
el cenicero repleto está,
el cigarrillo ya se termina
y no queda otro para fumar.
Entre humo y letras pasa la vida
y en la inocente costumbre mía,
inofensiva, tengo el solaz
de zambullirme en el océano
del inconsciente para hilvanar
las palabras que me sugiera
mi docta musa, diosa fatal.
Hondo silencio. Qué noche fría.
Se acerca el alba a mi ventanal,
vidrios mojados por la neblina,
con la cabeza sobre las líneas
duermo mi sueño de eternidad...
E. Morguenstern
( En el sombrío manicomio, el médico de guardia al crecer la noche del crudo invierno, sueña con hilvanar palabras robándole horas al sueño...)
Hondo silencio. Qué noche fría.
Todo está quieto en el hospital.
Ha terminado el trajín del día,
abierto el libro de filosofía
que nuevas ideas despertará,
mudo me ofrece su compañía
para que vuelque en la poesía
cuantos conceptos pueda apresar.
Junto a la taza de té vacía
el cenicero repleto está,
el cigarrillo ya se termina
y no queda otro para fumar.
Entre humo y letras pasa la vida
y en la inocente costumbre mía,
inofensiva, tengo el solaz
de zambullirme en el océano
del inconsciente para hilvanar
las palabras que me sugiera
mi docta musa, diosa fatal.
Hondo silencio. Qué noche fría.
Se acerca el alba a mi ventanal,
vidrios mojados por la neblina,
con la cabeza sobre las líneas
duermo mi sueño de eternidad...
E. Morguenstern