Pablito84
Poeta recién llegado
Un grito lastimero se cuela en esta noche de pesares,
la luna, aquella misteriosa luna me mira desde lejos,
su mirada se mete entre aquellos recuerdos llenos de tristeza,
me aleja fuera de este mundo, me llena de lúgubres cánticos.
La luna, aquella misteriosa luna, se decide ser mi compañera;
una lluvia de estrellas baja con las nubes y llenan mi memoria,
y un rostro lejano se figura con ellas, y reviven mi historia;
siento la mirada de sus ojos, lo siento y recuerdo conocerlo.
Miles de rostros opacos recorren el silencio de la noche,
un recuerdo, un amor y una pasión se ocultan entre ellos,
mientras aquel rostro revolotea entre las estrellas,
y entonces la luna, la misteriosa luna, se marcha con reproche.
La soledad abruma el paisaje nocturno, está lleno de misterio.
Un temblor sube por mis piernas y se cuela en mi corazón,
aquel rostro ahora es claro las lágrimas nacen al verlo,
la melancolía invade la razón su boca me llena de tentación.
Siento pasar uno y miles días por mis ojos,
siento que no pasa un sentimiento, un amor;
la vida camina por senderos sin retorno alega su poder,
y mis impotentes manos intentan su regreso ¡IMPOSIBLE!
Aquel rostro llena espacios vacíos, con alegría, con dolor;
sus labios resucitan al pasado que nunca volvió
(La vida pasa con la noche, con ella su verdad: Muero cada día)
sus ojos me hacen llorar y el pasado me recuerda mis días acabados.
Aquel fino rostro de mujer, es la poderosa escena sin olvido,
aquellos labios de mujer me pierden en la triste melancolía.
Y el amor, la pasión y el recuerdo que nunca pasaron
son ahora mi infancia que dejo con alegría y tristeza.
La luna, la misteriosa luna, me despierta de este sueño,
y descubro la verdad de los días pasados de mi vida;
lo tuve todo y tan solo se fue, y ahora regresa mi fortuna,
ahora mis gritos son palabras calladas mi calma ha regresado.
Pablo R. Gómez G.
Loja, 19 de Agosto del 2002
FICO/ 2002
la luna, aquella misteriosa luna me mira desde lejos,
su mirada se mete entre aquellos recuerdos llenos de tristeza,
me aleja fuera de este mundo, me llena de lúgubres cánticos.
La luna, aquella misteriosa luna, se decide ser mi compañera;
una lluvia de estrellas baja con las nubes y llenan mi memoria,
y un rostro lejano se figura con ellas, y reviven mi historia;
siento la mirada de sus ojos, lo siento y recuerdo conocerlo.
Miles de rostros opacos recorren el silencio de la noche,
un recuerdo, un amor y una pasión se ocultan entre ellos,
mientras aquel rostro revolotea entre las estrellas,
y entonces la luna, la misteriosa luna, se marcha con reproche.
La soledad abruma el paisaje nocturno, está lleno de misterio.
Un temblor sube por mis piernas y se cuela en mi corazón,
aquel rostro ahora es claro las lágrimas nacen al verlo,
la melancolía invade la razón su boca me llena de tentación.
Siento pasar uno y miles días por mis ojos,
siento que no pasa un sentimiento, un amor;
la vida camina por senderos sin retorno alega su poder,
y mis impotentes manos intentan su regreso ¡IMPOSIBLE!
Aquel rostro llena espacios vacíos, con alegría, con dolor;
sus labios resucitan al pasado que nunca volvió
(La vida pasa con la noche, con ella su verdad: Muero cada día)
sus ojos me hacen llorar y el pasado me recuerda mis días acabados.
Aquel fino rostro de mujer, es la poderosa escena sin olvido,
aquellos labios de mujer me pierden en la triste melancolía.
Y el amor, la pasión y el recuerdo que nunca pasaron
son ahora mi infancia que dejo con alegría y tristeza.
La luna, la misteriosa luna, me despierta de este sueño,
y descubro la verdad de los días pasados de mi vida;
lo tuve todo y tan solo se fue, y ahora regresa mi fortuna,
ahora mis gritos son palabras calladas mi calma ha regresado.
Pablo R. Gómez G.
Loja, 19 de Agosto del 2002
FICO/ 2002
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