NOCHE DE SAN JUAN
(ensañocación hidropónica de un resucitar crisopéyico)
Debió de ser en la noche inigualable
la noche de vidrios esmerilados por la acidez de los besos
Debió de ser tras la nube traicionera
que nos ocultó la luna como un humo somnoliento o un azar.
Pero fue -eso sí lo recuerdo bien- un contacto como un sueño
un brazo envolvente entre mis piernas de muñeco
una caricia amurallada que rodeaba tus ojos de sílice claro
una piel -no pergamino- con la riqueza tipográfica de tu juventud morena.
Debió de ser en aquel vacío entre dos noches
paseando por un parque de rocas lunares y dos búhos
con las sombras de hogueras aun calientes moldeando tu busto y mi deseo
Debió de ser en una incierta Noche de San Juan.
Brotaron de tus ojos pestañas de acero endurecido o abanicos de pavo real
manaron de los míos lágrimas de ardiente lava o mercurios de pura alquimia.
Era la melodía de la media noche cuando los gamos en celo se retiran a meditar.
Y una avenida inmensa de pasiones entrecruzadas de susurros nos celaba.
Debió de ser en el fondo de un abismo que el tiempo nos regaló
una ecuación o una pócima para recrearnos juntos.
El mar, siempre el mar, nos desveló el secreto de las medusas de raso
ofrecidas a los jabalíes como flores en cautiverio.
Y lloramos, juntos lloramos
como estrellas nocturnas abandonadas
en el frío universal de los engaños.
Monstruosas masturbaciones
de las máquinas que aúllan sus rencores
en la noche de San Juan y sus desiertos.
Ilust.: “Cadáveres exquisitos” I. Tanguy y otros. 1928
(ensañocación hidropónica de un resucitar crisopéyico)
Debió de ser en la noche inigualable
la noche de vidrios esmerilados por la acidez de los besos
Debió de ser tras la nube traicionera
que nos ocultó la luna como un humo somnoliento o un azar.
Pero fue -eso sí lo recuerdo bien- un contacto como un sueño
un brazo envolvente entre mis piernas de muñeco
una caricia amurallada que rodeaba tus ojos de sílice claro
una piel -no pergamino- con la riqueza tipográfica de tu juventud morena.
Debió de ser en aquel vacío entre dos noches
paseando por un parque de rocas lunares y dos búhos
con las sombras de hogueras aun calientes moldeando tu busto y mi deseo
Debió de ser en una incierta Noche de San Juan.
Brotaron de tus ojos pestañas de acero endurecido o abanicos de pavo real
manaron de los míos lágrimas de ardiente lava o mercurios de pura alquimia.
Era la melodía de la media noche cuando los gamos en celo se retiran a meditar.
Y una avenida inmensa de pasiones entrecruzadas de susurros nos celaba.
Debió de ser en el fondo de un abismo que el tiempo nos regaló
una ecuación o una pócima para recrearnos juntos.
El mar, siempre el mar, nos desveló el secreto de las medusas de raso
ofrecidas a los jabalíes como flores en cautiverio.
Y lloramos, juntos lloramos
como estrellas nocturnas abandonadas
en el frío universal de los engaños.
Monstruosas masturbaciones
de las máquinas que aúllan sus rencores
en la noche de San Juan y sus desiertos.
Ilust.: “Cadáveres exquisitos” I. Tanguy y otros. 1928
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