TAVOAM
Poeta veterano
NOCHE DESDIBUJADA
Como aclaro esta noche casi desdibujada de un mes cualquiera,
de luna profanada a un cuadro de Van Gogh,
a la hora que todos duermen y yo eternizo mi desvelo;
como espero al amanecer que se detuvo
justo antes del horizonte, hace ya cien días atrás.
Ni un sol, ni un violín perfectamente afinado,
ni el aroma a lluvia a mitad de camino entre una nube y la pradera,
ni un millón de veces tu foto frente a mis ojos rendidos,
nada logra que al menos un latido no quiera ausentarse de mi cuerpo.
Se me vacío de lágrimas el alma, se quebrantó su manantial,
se detuvo el aire, si hasta el mar quedo sin olas,
el viento quiso acompañarte, ser testigo de la vuelta al cielo,
del ángel que inspiro el quinto día de la creación.
Con la vida casi muerta,
y la muerte creyendo en Dios,
vuelvo a levantar la mirada tratando de acortar camino por verte,
pero la gravedad me detiene aquí a una vida de distancia,
en esta noche casi desdibujada de un mes cualquiera,
con un ramo de flores mojadas en la mano, las rodillas embarradas,
el pecho junto a tu nombre frío,
y un amor sin paz, en guerra con tu ausencia.
TAVO.
Como aclaro esta noche casi desdibujada de un mes cualquiera,
de luna profanada a un cuadro de Van Gogh,
a la hora que todos duermen y yo eternizo mi desvelo;
como espero al amanecer que se detuvo
justo antes del horizonte, hace ya cien días atrás.
Ni un sol, ni un violín perfectamente afinado,
ni el aroma a lluvia a mitad de camino entre una nube y la pradera,
ni un millón de veces tu foto frente a mis ojos rendidos,
nada logra que al menos un latido no quiera ausentarse de mi cuerpo.
Se me vacío de lágrimas el alma, se quebrantó su manantial,
se detuvo el aire, si hasta el mar quedo sin olas,
el viento quiso acompañarte, ser testigo de la vuelta al cielo,
del ángel que inspiro el quinto día de la creación.
Con la vida casi muerta,
y la muerte creyendo en Dios,
vuelvo a levantar la mirada tratando de acortar camino por verte,
pero la gravedad me detiene aquí a una vida de distancia,
en esta noche casi desdibujada de un mes cualquiera,
con un ramo de flores mojadas en la mano, las rodillas embarradas,
el pecho junto a tu nombre frío,
y un amor sin paz, en guerra con tu ausencia.
TAVO.
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