Resucitaba la noche en la vieja Babilonia
allí donde decidiste festejar la ceremonia,
yo sería tu antigua y nueva novia,
un despojo de ser, algo que endemonia.
La oscuridad abriría el ocaso
(vacías las casas)
tu cuerpo plateado
(en gotas de agua salada)
mi cuerpo dorado
(en lápidas de hojarasca),
ausentes las almas...
Amanecería despacio en la añeja plantación
de robles decrépitos y muertos;
la luz emprendería una oración
a los objetos fríos y yertos.
Nosotros permaneceríamos quietos,
frágiles, pero fuertes,
flexibles, pero crueles...
Levantarían vuelo las gaviotas sobre el mar
y nuestros ojos se clavarían desde la torre,
seríamos el susurro del mal,
el dolor que nos carcome.
Morirían los cuentos de fantasía
cenicienta y su príncipe no cenarían
y las perdices felices vivirían...
allí donde decidiste festejar la ceremonia,
yo sería tu antigua y nueva novia,
un despojo de ser, algo que endemonia.
La oscuridad abriría el ocaso
(vacías las casas)
tu cuerpo plateado
(en gotas de agua salada)
mi cuerpo dorado
(en lápidas de hojarasca),
ausentes las almas...
Amanecería despacio en la añeja plantación
de robles decrépitos y muertos;
la luz emprendería una oración
a los objetos fríos y yertos.
Nosotros permaneceríamos quietos,
frágiles, pero fuertes,
flexibles, pero crueles...
Levantarían vuelo las gaviotas sobre el mar
y nuestros ojos se clavarían desde la torre,
seríamos el susurro del mal,
el dolor que nos carcome.
Morirían los cuentos de fantasía
cenicienta y su príncipe no cenarían
y las perdices felices vivirían...
.
.
.