Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si quisieras mostrarme la senda
que conduce a tu esencia de fuego,
que se ha vuelto tenaz desosiego
en las horas de mi respirar;
y aceptaras, por fin, develarme
el misterio que guarda tu alcoba
que de tanto pensarlo me roba
la sonrisa de mi despertar.
Tú sabrías, entonces, sin duda,
lo que amar en verdad significa
con el alma que ansiosa suplica,
en la piel, disolverse al besar.
Sentirías, también, a la noche,
embebida en profundo deseo,
ser tan sólo sutil parpadeo
en los ojos del tiempo al pasar.
Y a la vez, como dulce cereza,
a la entrega ponerle ternura
pues no existe mayor hermosura
que pasión y terneza mezclar;
por eso, si a mis brazos quisieras,
de tus lunas, hacerlos el puerto
cuánto digo, verías que es cierto,
porque noche…nos iba a faltar.
que conduce a tu esencia de fuego,
que se ha vuelto tenaz desosiego
en las horas de mi respirar;
y aceptaras, por fin, develarme
el misterio que guarda tu alcoba
que de tanto pensarlo me roba
la sonrisa de mi despertar.
Tú sabrías, entonces, sin duda,
lo que amar en verdad significa
con el alma que ansiosa suplica,
en la piel, disolverse al besar.
Sentirías, también, a la noche,
embebida en profundo deseo,
ser tan sólo sutil parpadeo
en los ojos del tiempo al pasar.
Y a la vez, como dulce cereza,
a la entrega ponerle ternura
pues no existe mayor hermosura
que pasión y terneza mezclar;
por eso, si a mis brazos quisieras,
de tus lunas, hacerlos el puerto
cuánto digo, verías que es cierto,
porque noche…nos iba a faltar.
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