¡Ah, mi dulce amada,
si tu lo supieras!
Tengo el pecho lleno
de pajaros muertos,
y tengo el alma henchida
de nubes viajeras.
Murmuran las olas
lejos, en el puerto,
y el mar ya se esconde
en rayos de luna.
Vislumbro en tus ojos,
que llevan la imagen de Dios
y la tierra,
tu pena infinita,
tu honda tristeza,
mi pronta partida,
tu pena y mi pena.
Esta nochebuena
yo tengo, querida,
mis manos vacias.
Esta nochebuena
nos hallo muy tristes;
tu hilvanas recuerdos,
y yo bebo tristezas
de bocas ajenas.
Y tu entraña clamando
por el hijo ausente.
Tu labio cansado
murmura plegarias;
tus pupilas claras
observan mis manos convulsas,
y mis ojos sombrios,
tu fe resignada.
Los minutos pasan,
espero y esperas...
Tus pupilas claras
reflejan mis ojos sombrios,
y mis ojos sombrios
traslucen tus pupilas claras.
Esta nochebuena
nos halló muy solos,
y en ella bebimos
la hiel de la espera,
que luego conforta y libera.
si tu lo supieras!
Tengo el pecho lleno
de pajaros muertos,
y tengo el alma henchida
de nubes viajeras.
Murmuran las olas
lejos, en el puerto,
y el mar ya se esconde
en rayos de luna.
Vislumbro en tus ojos,
que llevan la imagen de Dios
y la tierra,
tu pena infinita,
tu honda tristeza,
mi pronta partida,
tu pena y mi pena.
Esta nochebuena
yo tengo, querida,
mis manos vacias.
Esta nochebuena
nos hallo muy tristes;
tu hilvanas recuerdos,
y yo bebo tristezas
de bocas ajenas.
Y tu entraña clamando
por el hijo ausente.
Tu labio cansado
murmura plegarias;
tus pupilas claras
observan mis manos convulsas,
y mis ojos sombrios,
tu fe resignada.
Los minutos pasan,
espero y esperas...
Tus pupilas claras
reflejan mis ojos sombrios,
y mis ojos sombrios
traslucen tus pupilas claras.
Esta nochebuena
nos halló muy solos,
y en ella bebimos
la hiel de la espera,
que luego conforta y libera.