En las mesas descansan las copas,
envoltorios de color y plata,
y una débil canción,
sumergiéndose en la escena.
Acaso hoy acaba un año que no muere
pero aquéllos días
de corbata y chaqueta azul,
no volverán a estrenarse
es cierto que allí,
no dibujaremos más la escena,
pero, con las manos manchadas de tiza,
vamos a manchar esta pared difusa.
Se ha hecho fuerte,
Y ha arraigado involuntariamente,
Pero aún tenemos los trazos,
Aún tenemos las manos cubiertas de tiza.
Y, así, comienzan los silencios.
Entre risas
Que eran nuestras
E imaginábamos tuyas.
Así, empieza la historia,
Que siempre era la misma
Yo sé que estaba contigo,
Pero la ignoraba
Sin embargo su presencia,
Demasiado grande, nos ahogaba.
Y las manos no llegaban,
Ni tampoco las palabras,
Apenas había espacio
Que esa densa niebla no tocara
A veces, en lo resquicios,
Hubo momentos libres,
Pero siempre a la sombra
Y siempre tras tristes.
Porque tras ellos, la ausencia
se hacía más profunda
dejando miel en los labios
y sal en las heridas.
envoltorios de color y plata,
y una débil canción,
sumergiéndose en la escena.
Acaso hoy acaba un año que no muere
pero aquéllos días
de corbata y chaqueta azul,
no volverán a estrenarse
es cierto que allí,
no dibujaremos más la escena,
pero, con las manos manchadas de tiza,
vamos a manchar esta pared difusa.
Se ha hecho fuerte,
Y ha arraigado involuntariamente,
Pero aún tenemos los trazos,
Aún tenemos las manos cubiertas de tiza.
Y, así, comienzan los silencios.
Entre risas
Que eran nuestras
E imaginábamos tuyas.
Así, empieza la historia,
Que siempre era la misma
Yo sé que estaba contigo,
Pero la ignoraba
Sin embargo su presencia,
Demasiado grande, nos ahogaba.
Y las manos no llegaban,
Ni tampoco las palabras,
Apenas había espacio
Que esa densa niebla no tocara
A veces, en lo resquicios,
Hubo momentos libres,
Pero siempre a la sombra
Y siempre tras tristes.
Porque tras ellos, la ausencia
se hacía más profunda
dejando miel en los labios
y sal en las heridas.