Noches cubiertas de pétalos
1.
Mi cuerpo agrietado es una flor
que se renueva a cada paso;
las noches cubiertas de pétalos
son lágrimas sobre papel manchado.
No encuentro la calma en este océano
de pesadillas y furia sin morfina;
por eso escribo como un poseído,
para guardar el ayer en la piel
y no cargar la mochila de los años.
Demonios del tiempo beben mi sangre
como vampiros sedientos;
rompen los espejos de mi imagen
al descubrir la sabiduría
que corre por mi ser,
aunque la luna ya no responda.
Mis palabras son un arma
que se clava en las miradas,
la larga respiración del corazón
buscando un color imposible
para apagar su ruido interior,
como un portador
que talla su propio mundo.
Cruces del tiempo me encadenan
con sus líneas rectas que envenenan;
las paredes de mi cuerpo están
llenas de historias,
llenas de encuentros,
llenas de versos,
devorando la oscuridad de mis cicatrices
antes de que me lleve el infierno
hacia el túnel de los espejos,
pudriendo mi cerebro.
2.
Nací entre espadas y fantasmas,
donde manos frías como la muerte
me bañaban en miedos y torturas,
mientras la desesperación me preparaba
para una vida sobre la tierra.
La luna me mostraba todos sus ciclos
desde una celda de risas rotas,
golpes de ira y sombras de envidia
que cegaban mi realidad,
mientras volaba sin alas
viendo mi mente agrietarse
sin poder impedirlo.
El oro me fue negado,
las ramas de mi árbol se pelaron,
y hilos de sombra me ultrajaron
cuando el hambre de afecto
reinaba en la soledad de mis versos.
Hoy solo intento probar pequeños bocados,
para endulzar este trago amargo,
para mirar con otras gafas
que la vida y la muerte
no son más que el presente,
y que en ambas
habita el sabor de la existencia.
3.
A veces me cuesta encontrar
las letras que carga mi alma,
porque pesan como tumbas sin nombre.
El cielo crece en mis recuerdos
como una lámpara encendida.
Veo en mi camino una línea
que no conoce muros ni filas.
Luces blancas, rojas y azules
dejan al descubierto
mi desnudo juego de cartas.
Corazones de llaves frágiles
caen del cielo como la noche,
donde un eco sin nombre
moja el espejo de mi cara.
Los pasos de este caminante errante
siembran en el río
un odio que contamina.
4.
Cuando desaparezco,
soy símbolos que protegen
aquello que para mí es secreto.
Me disuelvo muy seguido,
soy un alma que huye sin ruido.
Soy lo que no muestro, soy escritos,
soy secreto, soy dolor sin sonido,
soy aquello que Cerbero despierta
cuando me olvido.
1.
Mi cuerpo agrietado es una flor
que se renueva a cada paso;
las noches cubiertas de pétalos
son lágrimas sobre papel manchado.
No encuentro la calma en este océano
de pesadillas y furia sin morfina;
por eso escribo como un poseído,
para guardar el ayer en la piel
y no cargar la mochila de los años.
Demonios del tiempo beben mi sangre
como vampiros sedientos;
rompen los espejos de mi imagen
al descubrir la sabiduría
que corre por mi ser,
aunque la luna ya no responda.
Mis palabras son un arma
que se clava en las miradas,
la larga respiración del corazón
buscando un color imposible
para apagar su ruido interior,
como un portador
que talla su propio mundo.
Cruces del tiempo me encadenan
con sus líneas rectas que envenenan;
las paredes de mi cuerpo están
llenas de historias,
llenas de encuentros,
llenas de versos,
devorando la oscuridad de mis cicatrices
antes de que me lleve el infierno
hacia el túnel de los espejos,
pudriendo mi cerebro.
2.
Nací entre espadas y fantasmas,
donde manos frías como la muerte
me bañaban en miedos y torturas,
mientras la desesperación me preparaba
para una vida sobre la tierra.
La luna me mostraba todos sus ciclos
desde una celda de risas rotas,
golpes de ira y sombras de envidia
que cegaban mi realidad,
mientras volaba sin alas
viendo mi mente agrietarse
sin poder impedirlo.
El oro me fue negado,
las ramas de mi árbol se pelaron,
y hilos de sombra me ultrajaron
cuando el hambre de afecto
reinaba en la soledad de mis versos.
Hoy solo intento probar pequeños bocados,
para endulzar este trago amargo,
para mirar con otras gafas
que la vida y la muerte
no son más que el presente,
y que en ambas
habita el sabor de la existencia.
3.
A veces me cuesta encontrar
las letras que carga mi alma,
porque pesan como tumbas sin nombre.
El cielo crece en mis recuerdos
como una lámpara encendida.
Veo en mi camino una línea
que no conoce muros ni filas.
Luces blancas, rojas y azules
dejan al descubierto
mi desnudo juego de cartas.
Corazones de llaves frágiles
caen del cielo como la noche,
donde un eco sin nombre
moja el espejo de mi cara.
Los pasos de este caminante errante
siembran en el río
un odio que contamina.
4.
Cuando desaparezco,
soy símbolos que protegen
aquello que para mí es secreto.
Me disuelvo muy seguido,
soy un alma que huye sin ruido.
Soy lo que no muestro, soy escritos,
soy secreto, soy dolor sin sonido,
soy aquello que Cerbero despierta
cuando me olvido.