Aciago Caudal
Poeta recién llegado
Siempre llamándome
siempre instigándome
sigues mis pasos
desde aquella encrucijada, en la que extravié el camino
el canto de los sauces
de los álamos al andar
redirige mis pasos, a una deriva
entre la maleza
entre lo obscuro de ser
vuelvo a nacer
¿Vuelvo?
Escudriño cada paso
cada rincón adobe de la historia
cada esquina portal a mundos laterales
cada farol yesca de la noche
cada néctar de cada flor de cada antejardín
huelo la noche azotando cada baldosa
en las aceras pintarrajeadas con grotescas efigies
de una ciudad en ensueño
cual vigilia, inconcebible
rechazo, mordaz
el llamado del escándalo y de la jarana
que zumba aberrante y lejano
entre la noche que quiere ser día
es otoño, pronto invierno
adiós, jodido verano de oligofrénico carmín
vuelvo a saborearte, soledad
danzando en frenesí
sobre y entre la niebla
Soledad
te llaman quienes no te conocen
ni conocen el fruto de tu belleza
acaso temen sucumbir en tus laberintos
y encontrarte
cual minotauro
no te conocen
te saboreo
danzando con júbilo entre y sobre la niebla
la ciudad que ruge
la ciudad que ronca
la soledad que rige
el silencio que reina
sólo los perros dictaminan
y las lechuzas acatan el veredicto
llego
tanto andar
tanto caminar
al centro de centros
sobre el ébano bruñido de aquella banca
me siento a observarte
mientras el tabaco arde y la nicotina erupciona de mi boca
esperando sentir
el vaho sinuoso de tu voz
que se arrastra
subrepticio
en todas direcciones
entre las palmeras
entre la copa de los altos pinos
resbalando por las araucarias
chapoteando en las piletas
aquí y más por allá
plaza de armas
callejuelas
alameda
miro atrás
¿sigues ahí?
Te escabulles entre los pórticos
me haces señas
evocas mi pasado en zarrapastrosos fantasmas
adquieres formas imprecisas
te haces visible
en aquel perro negro que me guía en este triste reino
no descansas
sigues ahí
Soledad
te llaman quienes no te conocen pero si temen encontrarte
y el perro negro que a mi lado persiste
me habla de ti
abriendo su hocico
traduciendo
mientras mueve sus orejas y flamea su rabo
el lenguaje de la sombra
de la soledosa verdad que se oculta
tras aquel lienzo color urbano
que nadie ve
que nadie percibe
solo yo
noctámbulo de la ciudad adormecida
atravieso aquellos umbrales
de la travesía y del errar
hablando en lenguas
descifrando códigos enmarañados
entre el ladrillo, la loza y la teja
entre los faroles yesca de la noche
entre postes y letreros desdibujados en vertiginosa distancia
entre rincones y adobes
entre murallones octogenarios
sin extraviarme jamás
jamás
sé por donde voy
y a qué callejuela de tenue resplandor desembocar
camino
cabalgo
vuelo
la ciudad adormecida
cual vigilia
cual murmullo de moscas
silencio
sombras
siluetas
yo
y tu
soledad…
Noctámbulo seré, de la ciudad que duerme
y aquel perro negro que retorna al fragor apagado de la noche
tras guiarme hasta mi madriguera
fiel
fiel más que nadie
ensueño
soledad…
siempre instigándome
sigues mis pasos
desde aquella encrucijada, en la que extravié el camino
el canto de los sauces
de los álamos al andar
redirige mis pasos, a una deriva
entre la maleza
entre lo obscuro de ser
vuelvo a nacer
¿Vuelvo?
Escudriño cada paso
cada rincón adobe de la historia
cada esquina portal a mundos laterales
cada farol yesca de la noche
cada néctar de cada flor de cada antejardín
huelo la noche azotando cada baldosa
en las aceras pintarrajeadas con grotescas efigies
de una ciudad en ensueño
cual vigilia, inconcebible
rechazo, mordaz
el llamado del escándalo y de la jarana
que zumba aberrante y lejano
entre la noche que quiere ser día
es otoño, pronto invierno
adiós, jodido verano de oligofrénico carmín
vuelvo a saborearte, soledad
danzando en frenesí
sobre y entre la niebla
Soledad
te llaman quienes no te conocen
ni conocen el fruto de tu belleza
acaso temen sucumbir en tus laberintos
y encontrarte
cual minotauro
no te conocen
te saboreo
danzando con júbilo entre y sobre la niebla
la ciudad que ruge
la ciudad que ronca
la soledad que rige
el silencio que reina
sólo los perros dictaminan
y las lechuzas acatan el veredicto
llego
tanto andar
tanto caminar
al centro de centros
sobre el ébano bruñido de aquella banca
me siento a observarte
mientras el tabaco arde y la nicotina erupciona de mi boca
esperando sentir
el vaho sinuoso de tu voz
que se arrastra
subrepticio
en todas direcciones
entre las palmeras
entre la copa de los altos pinos
resbalando por las araucarias
chapoteando en las piletas
aquí y más por allá
plaza de armas
callejuelas
alameda
miro atrás
¿sigues ahí?
Te escabulles entre los pórticos
me haces señas
evocas mi pasado en zarrapastrosos fantasmas
adquieres formas imprecisas
te haces visible
en aquel perro negro que me guía en este triste reino
no descansas
sigues ahí
Soledad
te llaman quienes no te conocen pero si temen encontrarte
y el perro negro que a mi lado persiste
me habla de ti
abriendo su hocico
traduciendo
mientras mueve sus orejas y flamea su rabo
el lenguaje de la sombra
de la soledosa verdad que se oculta
tras aquel lienzo color urbano
que nadie ve
que nadie percibe
solo yo
noctámbulo de la ciudad adormecida
atravieso aquellos umbrales
de la travesía y del errar
hablando en lenguas
descifrando códigos enmarañados
entre el ladrillo, la loza y la teja
entre los faroles yesca de la noche
entre postes y letreros desdibujados en vertiginosa distancia
entre rincones y adobes
entre murallones octogenarios
sin extraviarme jamás
jamás
sé por donde voy
y a qué callejuela de tenue resplandor desembocar
camino
cabalgo
vuelo
la ciudad adormecida
cual vigilia
cual murmullo de moscas
silencio
sombras
siluetas
yo
y tu
soledad…
Noctámbulo seré, de la ciudad que duerme
y aquel perro negro que retorna al fragor apagado de la noche
tras guiarme hasta mi madriguera
fiel
fiel más que nadie
ensueño
soledad…
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