Nocturna pasión
Nocturna pasión la que envuelve tu vos
en el eco de un resondro que funge de sueño
y se posa en medio de la piedad que lo talla
con el esmero de un picador de corazones.
Y lo desdice como si fuera la verdad incrustada
en la nostalgia . Amor oigo tu vos.
Alcanzando lúcidamente aquella señal
que dejas como miga, en la fiambre otoñal
que nos recuerda aún, a media mañana besándonos.
Desplegando un alboroto encomiable, tus cabellos largos
que se filtran como la tenue luz en el marco de un ventanal
de vitrales de colores inventados en la danza de un carnaval.
Amor oigo esa vos aún, pese a estar prohibida por la misma vida
que se levanta y toma la forma de la verdad
haciéndome ver como a un mozuelo hablador,
de que, ya no hay amor, y no lo habrá, pese a sentirlo aún.
Nocturna, que envuelves mis festejos con lujuria
que extraes con talento el mosto viril que me forma,
y que luego tu desprendes como a un fruto
de la rama inalcanzable que lo ama y alimenta.
Dejándome, al amanecer de cada día en que recuerdo tu vos,
tu enigmático nombre, tus mejillas rosas, el inmenso amor
que ya no tengo.
Nocturna pasión la que envuelve tu vos
en el eco de un resondro que funge de sueño
y se posa en medio de la piedad que lo talla
con el esmero de un picador de corazones.
Y lo desdice como si fuera la verdad incrustada
en la nostalgia . Amor oigo tu vos.
Alcanzando lúcidamente aquella señal
que dejas como miga, en la fiambre otoñal
que nos recuerda aún, a media mañana besándonos.
Desplegando un alboroto encomiable, tus cabellos largos
que se filtran como la tenue luz en el marco de un ventanal
de vitrales de colores inventados en la danza de un carnaval.
Amor oigo esa vos aún, pese a estar prohibida por la misma vida
que se levanta y toma la forma de la verdad
haciéndome ver como a un mozuelo hablador,
de que, ya no hay amor, y no lo habrá, pese a sentirlo aún.
Nocturna, que envuelves mis festejos con lujuria
que extraes con talento el mosto viril que me forma,
y que luego tu desprendes como a un fruto
de la rama inalcanzable que lo ama y alimenta.
Dejándome, al amanecer de cada día en que recuerdo tu vos,
tu enigmático nombre, tus mejillas rosas, el inmenso amor
que ya no tengo.