Hugo Augusto
Poeta recién llegado
Bajo del negro humo de la vela,
sobre de la fogosa llamarada siniestra,
danza tu cuerpo, espeluznante, agraviante,
sin la remota idea de que es observado.
Alucinante, el reflejo plasmado sobre la sangre,
que se ha derramado en el muro de la agonía.
Sigilosa, escurridiza, viaja mi sombra,
con la mirada encendida, con los brazos fragiles,
toma tu cuerpo por la cintura y, comienza el show,
taran, dan, dan, dan, tarara... Se escucha la melodía
que sale del fondo más oscuro de mi pecho,
al que con miedo me atrevo a llamar corazón.
sobre de la fogosa llamarada siniestra,
danza tu cuerpo, espeluznante, agraviante,
sin la remota idea de que es observado.
Alucinante, el reflejo plasmado sobre la sangre,
que se ha derramado en el muro de la agonía.
Sigilosa, escurridiza, viaja mi sombra,
con la mirada encendida, con los brazos fragiles,
toma tu cuerpo por la cintura y, comienza el show,
taran, dan, dan, dan, tarara... Se escucha la melodía
que sale del fondo más oscuro de mi pecho,
al que con miedo me atrevo a llamar corazón.
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