Cuando el farol se ha dormido
junto al muro del sendero,
la noche escribe despacio
sus secretos en el viento.
No hay preguntas en las ramas,
ni respuestas en el cielo;
solo un murmullo de estrellas
conversando en el silencio.
Descansan las viejas luchas
a la orilla de los sueños,
como barcos que encontraron
un remanso en mar abierto.
Y el corazón, sin armaduras,
sin deberes ni argumentos,
vuelve a ser aquel viajero
que contempla el firmamento.
Nada posee esta hora,
nada reclama su puesto;
todo parece entregado
a la paz del universo.
Si mañana llegan nubes,
si mañana llega el viento,
ya traerá consigo el día
su equipaje de momentos.
Mas ahora la noche canta
con voz suave y sin esfuerzo:
"Duerme tranquilo, caminante,
que el mundo sigue su curso,
y las estrellas custodian
los caminos del silencio."
junto al muro del sendero,
la noche escribe despacio
sus secretos en el viento.
No hay preguntas en las ramas,
ni respuestas en el cielo;
solo un murmullo de estrellas
conversando en el silencio.
Descansan las viejas luchas
a la orilla de los sueños,
como barcos que encontraron
un remanso en mar abierto.
Y el corazón, sin armaduras,
sin deberes ni argumentos,
vuelve a ser aquel viajero
que contempla el firmamento.
Nada posee esta hora,
nada reclama su puesto;
todo parece entregado
a la paz del universo.
Si mañana llegan nubes,
si mañana llega el viento,
ya traerá consigo el día
su equipaje de momentos.
Mas ahora la noche canta
con voz suave y sin esfuerzo:
"Duerme tranquilo, caminante,
que el mundo sigue su curso,
y las estrellas custodian
los caminos del silencio."