Canicula de estío
Poeta recién llegado
Hay una oscuridad diferente en esta noche de julio,
como si una delicada tela de niebla se interpusiera entre las cosas y todo lo adormeciera.
Nocturnidad silenciosa y compañera,
que percibo como un punto y aparte en todo lo conocido.
En la distancia apareces,
dejando que la atmosfera del planeta dibuje tu silueta al final de la calle.
Como una obra de arte. Elevada. Vestida de negro.
Expulsando la oscuridad de todas mis noches de insomnio.
Caminas hacia mí, con primeros pasos silenciosos
que avanzan sin pisar el suelo,
como mostrando un destino que viniera a atraparme.
Y puedo oír desde aquí tu nerviosismo, tu ritmo cardiaco.
Siento el dilatar de tus pupilas en busca del espectro azul de la luz.
Te percibo eterna en mí. Designio sin remedio.
Y la proximidad me trae tu voz que todo lo llena,
que todo lo cambia a su antojo y sin permiso.
Voz conocida por tantos años, a la que no me acostumbro;
que da sentido al idioma, que completa las palabras.
Voz que me sumerge en tu ser femenino,
y cuyo eco reverbera en mi interior sin calma.
Y esta noche de julio, que me agarra por dentro,
me trae la delicadeza de tus manos,
la sensación de otro primer beso; (contigo siempre es un primer beso),
la expectativa del sexo deseado,
las ganas de llenar tu imaginación hasta desbordarla,
el deseo de lo cotidiano a tu lado.
Y me harás sentir completo en tu entorno,
dibujando mis limites personales,
interpretando el nervioso quehacer del organismo,
que en este intervalo me ha sido prestado.
Y así daré a la eterna canícula otro aliento,
a la llama de lo inevitable oxígeno,
sentido de inclusión a este contrariado cuerpo,
que esta noche, a tu lado, sí comprendo.
como si una delicada tela de niebla se interpusiera entre las cosas y todo lo adormeciera.
Nocturnidad silenciosa y compañera,
que percibo como un punto y aparte en todo lo conocido.
En la distancia apareces,
dejando que la atmosfera del planeta dibuje tu silueta al final de la calle.
Como una obra de arte. Elevada. Vestida de negro.
Expulsando la oscuridad de todas mis noches de insomnio.
Caminas hacia mí, con primeros pasos silenciosos
que avanzan sin pisar el suelo,
como mostrando un destino que viniera a atraparme.
Y puedo oír desde aquí tu nerviosismo, tu ritmo cardiaco.
Siento el dilatar de tus pupilas en busca del espectro azul de la luz.
Te percibo eterna en mí. Designio sin remedio.
Y la proximidad me trae tu voz que todo lo llena,
que todo lo cambia a su antojo y sin permiso.
Voz conocida por tantos años, a la que no me acostumbro;
que da sentido al idioma, que completa las palabras.
Voz que me sumerge en tu ser femenino,
y cuyo eco reverbera en mi interior sin calma.
Y esta noche de julio, que me agarra por dentro,
me trae la delicadeza de tus manos,
la sensación de otro primer beso; (contigo siempre es un primer beso),
la expectativa del sexo deseado,
las ganas de llenar tu imaginación hasta desbordarla,
el deseo de lo cotidiano a tu lado.
Y me harás sentir completo en tu entorno,
dibujando mis limites personales,
interpretando el nervioso quehacer del organismo,
que en este intervalo me ha sido prestado.
Y así daré a la eterna canícula otro aliento,
a la llama de lo inevitable oxígeno,
sentido de inclusión a este contrariado cuerpo,
que esta noche, a tu lado, sí comprendo.