frank c.
Poeta adicto al portal
Serré la puerta de la alcoba tras de mi,
solo la sombra me persiguió
colgué las alas que me regalaste
en un rincón del guardarropa,
las compuertas de mis ojos no pudieron
con el aluvión que le siguió
y al compas de las cuerdas de lo absurdo,
te imagine a quemarropa.
Amada mujer de mundos inquietos,
mujer, ¿que escondes en tu mente?
si te miro triste y me entristezco
y como por arte de magia en un minuto
estas Sonriente.
Mujer de tantos argumentos,
todos lógicos y bellos,
casi como tu sonrisa
¡Ya te dije pequeña que te creo,
como no estar de acuerdo en tus locuras!
si soy tu cómplice,
el ser que más conoce de tu piel
después de tu camisa
y una especie de banco para guardar
tus sentimientos, abrazado a tu cintura.
El copiloto sin licencia que se arriesga
a subirse a un tren que ahora compartimos
un tren que no tiene brújula ni norte,
ni coherencia lógica para existir
un tren que encarrilamos a la vida,
con años que pasamos bien vividos...
Nos habitamos, nos cultivamos como labriegos
y nos amamos hasta morir.
solo la sombra me persiguió
colgué las alas que me regalaste
en un rincón del guardarropa,
las compuertas de mis ojos no pudieron
con el aluvión que le siguió
y al compas de las cuerdas de lo absurdo,
te imagine a quemarropa.
Amada mujer de mundos inquietos,
mujer, ¿que escondes en tu mente?
si te miro triste y me entristezco
y como por arte de magia en un minuto
estas Sonriente.
Mujer de tantos argumentos,
todos lógicos y bellos,
casi como tu sonrisa
¡Ya te dije pequeña que te creo,
como no estar de acuerdo en tus locuras!
si soy tu cómplice,
el ser que más conoce de tu piel
después de tu camisa
y una especie de banco para guardar
tus sentimientos, abrazado a tu cintura.
El copiloto sin licencia que se arriesga
a subirse a un tren que ahora compartimos
un tren que no tiene brújula ni norte,
ni coherencia lógica para existir
un tren que encarrilamos a la vida,
con años que pasamos bien vividos...
Nos habitamos, nos cultivamos como labriegos
y nos amamos hasta morir.