Nos imagino para sobrevivir

poetshadee

Poeta recién llegado
Ya nos había imaginado

caminando sin prisa

por la oscuridad húmeda de la ciudad,

mis pasos aprendiendo el ritmo de los tuyos,

nuestras risas escapándose

sin pedir disculpas a nadie.

Tu risa tapando el silencio espeso

que se instala en la habitación

cada vez que no estás.



Ya te había imaginado en la cafetería,

el lugar oliendo a café recién molido

y a mañanas posibles.

Tú pidiendo por mí,

mirándome de reojo

mientras finges molestarte por la tardanza.

Yo, sentada, observándote,

riendo sola

como si ya supiera

que siempre ibas a volver con las manos llenas.



Ya nos había imaginado

despertando tarde,

el sol entrando sin permiso,

el espejo siendo testigo.

Lavándonos los dientes juntos,

sin vergüenza,

sin apuro.

Tú, despeinado,

todavía medio dormido.

Yo,

con unas ganas absurdas

de perderme en ese desorden

que eras tú antes del café.

Tu reflejo mirándome

como siempre quise que alguien me mirara.



Ya te había imaginado

tomando fotografías de mis reflejos

en vitrinas, ventanas, espejos ajenos.

Decías que querías detener el tiempo,

que este instante merecía quedarse.

Que éramos arte

cuando nadie nos veía.

Jurabas que esas fotos

serían tus favoritas,

que algún día

las mostrarías

a nuestros futuros pequeños.



Ya te había imaginado

despertándome en susurros

para no despertarlos a ellos.

Tus brazos rodeándome

como si supieras exactamente

dónde sostenerme.

Apartando con cuidado

los mechones rebeldes de mi rostro,

besándome la frente.

Mi piel reaccionando antes que yo.

Mi corazón,

desbordándose sin defensa

ante tu tacto.



Ya te había imaginado

bailando mientras limpias la casa,

cantando mis canciones favoritas

con una felicidad despreocupada.

Yo mirándote desde la puerta,

sonriendo en silencio,

pensando que así se ve la libertad

cuando ama.



Ya nos había imaginado.

Pero me adelanté.

Me creí una historia completa

con alguien que apenas había leído

el prólogo.

Mi tonto corazón

pensó conocerte.

Pensó quererte.

Y al final entendí

que mientras yo te inventaba,



solo

conocías

mi nombre.
 
Ya nos había imaginado

caminando sin prisa

por la oscuridad húmeda de la ciudad,

mis pasos aprendiendo el ritmo de los tuyos,

nuestras risas escapándose

sin pedir disculpas a nadie.

Tu risa tapando el silencio espeso

que se instala en la habitación

cada vez que no estás.



Ya te había imaginado en la cafetería,

el lugar oliendo a café recién molido

y a mañanas posibles.

Tú pidiendo por mí,

mirándome de reojo

mientras finges molestarte por la tardanza.

Yo, sentada, observándote,

riendo sola

como si ya supiera

que siempre ibas a volver con las manos llenas.



Ya nos había imaginado

despertando tarde,

el sol entrando sin permiso,

el espejo siendo testigo.

Lavándonos los dientes juntos,

sin vergüenza,

sin apuro.

Tú, despeinado,

todavía medio dormido.

Yo,

con unas ganas absurdas

de perderme en ese desorden

que eras tú antes del café.

Tu reflejo mirándome

como siempre quise que alguien me mirara.



Ya te había imaginado

tomando fotografías de mis reflejos

en vitrinas, ventanas, espejos ajenos.

Decías que querías detener el tiempo,

que este instante merecía quedarse.

Que éramos arte

cuando nadie nos veía.

Jurabas que esas fotos

serían tus favoritas,

que algún día

las mostrarías

a nuestros futuros pequeños.



Ya te había imaginado

despertándome en susurros

para no despertarlos a ellos.

Tus brazos rodeándome

como si supieras exactamente

dónde sostenerme.

Apartando con cuidado

los mechones rebeldes de mi rostro,

besándome la frente.

Mi piel reaccionando antes que yo.

Mi corazón,

desbordándose sin defensa

ante tu tacto.



Ya te había imaginado

bailando mientras limpias la casa,

cantando mis canciones favoritas

con una felicidad despreocupada.

Yo mirándote desde la puerta,

sonriendo en silencio,

pensando que así se ve la libertad

cuando ama.



Ya nos había imaginado.

Pero me adelanté.

Me creí una historia completa

con alguien que apenas había leído

el prólogo.

Mi tonto corazón

pensó conocerte.

Pensó quererte.

Y al final entendí

que mientras yo te inventaba,



solo

conocías

mi nombre.
A veces construimos un futuro imaginario con otra persona.
Luego viene, y el castillo se nos derrumba.

Saludos
 

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