Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
De tanto remar entre sábanas dormidas,
una noche se me rompió la pared del alma
y casi sin quererlo, entró la luna a escondidas
entre empujones a mi aliento y brillos en mi cama.
La obscuridad se volvió luz en mi mesita,
del cenicero empezó a brotar una música extraña,
no podía evitar bailar, me puse en pie, luego de rodillas,
le supliqué que siguiera sonando y amaneció la mañana.
De las lágrimas de cada despertar, germinó una sonrisa,
de las pupilas cansadas de tanto soñar, soñé que volvía a casa,
que mi soledad desayunaba besos, que inundábamos la cocina
donde un día me dijo adiós y se nos ahogaron las tostadas.
Pero esta vez no estaba soñando, me olía a pan con mantequilla,
a café sin sólo y sin dolor, a manchar otra vez la almohada
derramando la leche entre abrazos y la traza entre caricias,
saltando al vacío de su piel entre mi piel y nuestras ganas
de querernos tanto que para siempre, cuando abramos las cortinas
sepamos que nos sobra con mirarnos y cerremos las persianas.
una noche se me rompió la pared del alma
y casi sin quererlo, entró la luna a escondidas
entre empujones a mi aliento y brillos en mi cama.
La obscuridad se volvió luz en mi mesita,
del cenicero empezó a brotar una música extraña,
no podía evitar bailar, me puse en pie, luego de rodillas,
le supliqué que siguiera sonando y amaneció la mañana.
De las lágrimas de cada despertar, germinó una sonrisa,
de las pupilas cansadas de tanto soñar, soñé que volvía a casa,
que mi soledad desayunaba besos, que inundábamos la cocina
donde un día me dijo adiós y se nos ahogaron las tostadas.
Pero esta vez no estaba soñando, me olía a pan con mantequilla,
a café sin sólo y sin dolor, a manchar otra vez la almohada
derramando la leche entre abrazos y la traza entre caricias,
saltando al vacío de su piel entre mi piel y nuestras ganas
de querernos tanto que para siempre, cuando abramos las cortinas
sepamos que nos sobra con mirarnos y cerremos las persianas.