Promesas vertidas al tiempo, propósitos, el amor es una etapa, una circunvalación a la historia de uno mismo, el saludo, el ¿cómo estás? llevando consigo una mirada que abre las entrañas del alma, que aparta los brazos antes de abrazarla, que une pecho con pecho, las puertas, ventanas, el reflejo de un mundo que se vuelve irreal e innecesario, simplemente ágil como el aceite circulando y abriéndose paso entre los dedos. La asfixia propia de quien no encuentra el aire necesario para satisfacer un ritmo trepidante del respirar, los pulmones humedecidos por el fragante perfume cuando las distancias se acortan y se condensan las feromonas recíprocamente por el conducto respiratorio; te ahogas, pero dulcemente.
Una maravillosa imagen, un caracol esperando el horizonte.
Abrazos, buen poema, para disfrutar y sentirlo.