Cesia solan
Poeta recién llegado
Entre las tristes alianzas, no existe aquello llamado amor, solo era deprimente y primitivo, eran oscuridad entre paredes y pisos, todo era repúgnate.
Risas y farsas, egoísmos e hipocresías que se encontraban fácilmente entre los viejos, los jóvenes eran alegres y sonrientes, radiantes, pero la verdad era peor que los mismos verdugos descuartizado a sus allegados.
Caminos de sangre eran los que recorrían, cuerpos que se posaban sobre las calles desiertas y viejas, las flores vírgenes que se convertían en un rojo carmesí advirtiendo el camino sin explorar, sollozos de inocentes y malditos traidores.
¡Qué clase de persona son! ¡Aquellos que asesinan si piedad, que mutilan y matan a inocentes, a aquellos que no los protegen de la maldad humana! ¡¿Quiénes son ellos para cuestionar?! ¡Si ni siquiera podemos responder quienes somos!
Las ataludarás que enseño la sociedad con crueldad y desprestigio. Siguiendo la escalera jerárquica donde manda los ricos y los pobres son débiles, todo tan absurdo pero verdadero, encajado perfectamente en la mente indolente, en la gente desinteresada, todo fue perdido y nada será reconstruido.
Lo dolido de la gente se desparramará, los sollozos sólo serán parte de una surrealidad, pero qué más da si los caminos al final terminaran llenos de nuestra propia sangre, las cenizas de nuestros cuerpos putrefactos serán quemados como si fuéramos animales.
El caos ya ha reinado antes de nuestra existencia, aun así, estaremos destinados a la reencarnación y a morir una tras otra vez en nuestra propia miseria ya que el resplandor nunca volverá, así amaremos y odiaremos nuestra existencia, nuestro destino será nuestro comienzo y nuestro final en uno mismo, donde estamos encadenados a un cuerpo de carne y hueso, donde la mentalidad es nefasta y horripilante.
Risas y farsas, egoísmos e hipocresías que se encontraban fácilmente entre los viejos, los jóvenes eran alegres y sonrientes, radiantes, pero la verdad era peor que los mismos verdugos descuartizado a sus allegados.
Caminos de sangre eran los que recorrían, cuerpos que se posaban sobre las calles desiertas y viejas, las flores vírgenes que se convertían en un rojo carmesí advirtiendo el camino sin explorar, sollozos de inocentes y malditos traidores.
¡Qué clase de persona son! ¡Aquellos que asesinan si piedad, que mutilan y matan a inocentes, a aquellos que no los protegen de la maldad humana! ¡¿Quiénes son ellos para cuestionar?! ¡Si ni siquiera podemos responder quienes somos!
Las ataludarás que enseño la sociedad con crueldad y desprestigio. Siguiendo la escalera jerárquica donde manda los ricos y los pobres son débiles, todo tan absurdo pero verdadero, encajado perfectamente en la mente indolente, en la gente desinteresada, todo fue perdido y nada será reconstruido.
Lo dolido de la gente se desparramará, los sollozos sólo serán parte de una surrealidad, pero qué más da si los caminos al final terminaran llenos de nuestra propia sangre, las cenizas de nuestros cuerpos putrefactos serán quemados como si fuéramos animales.
El caos ya ha reinado antes de nuestra existencia, aun así, estaremos destinados a la reencarnación y a morir una tras otra vez en nuestra propia miseria ya que el resplandor nunca volverá, así amaremos y odiaremos nuestra existencia, nuestro destino será nuestro comienzo y nuestro final en uno mismo, donde estamos encadenados a un cuerpo de carne y hueso, donde la mentalidad es nefasta y horripilante.