Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
Se ciernen las nubes de una noche tormentosa.
Aladas; palomas de tristeza en mi repisa.
Caen gotas de marfil, y plateado celestial,
Calando al salón; solitario y amarillo.
Afuera: el blando viento, y un tenue brillo;
Bajo el yermo, penetra un averno floral.
Las horas afanadas, van a paso, aprisa,
En el eco de un reloj que en la pared se posa.
La tiniebla me retuerce en un dorado baño.
Un cósmico cadáver, en raquíticos huesos,
Se calcina y deshace como luz del ambiente;
La deriva agita: los montes; al abismo...
Un sueño en la vigía mi nostalgia hiende,
Entre veredas; caminos sellados, ya presos.
La tierra, renaciendo sobre el gérmen de antaño,
Se yergue sobre ruinas de un breve espejismo.
Aladas; palomas de tristeza en mi repisa.
Caen gotas de marfil, y plateado celestial,
Calando al salón; solitario y amarillo.
Afuera: el blando viento, y un tenue brillo;
Bajo el yermo, penetra un averno floral.
Las horas afanadas, van a paso, aprisa,
En el eco de un reloj que en la pared se posa.
La tiniebla me retuerce en un dorado baño.
Un cósmico cadáver, en raquíticos huesos,
Se calcina y deshace como luz del ambiente;
La deriva agita: los montes; al abismo...
Un sueño en la vigía mi nostalgia hiende,
Entre veredas; caminos sellados, ya presos.
La tierra, renaciendo sobre el gérmen de antaño,
Se yergue sobre ruinas de un breve espejismo.
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