AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
NOSTALGIAS DE UN VIOLÍN...
Con diez años y un copete
al estilo de Elvis Presley,
cuando la lección era reiterativa,
porque los demás no entendían
abandonaba el aula con la protesta
de la buena maestra; y bella maestra,
es imposible olvidar su labios.
Entonces con diez años y a las
diez de la mañana, caminaba.
Ese día: llegué al populoso mercado
y compré frutas, me gustaba
ver a la gente comprando,
cosas que no necesitaban.
De repente llegó a mis oídos
una melodía que sobresalía
del barullo de la urbe, mmmm,
en un Sol Mayor, se ejecutaba
un vals de Straus; Straus Padre,
por supuesto; me encaminé
hacia donde jugaba el músico
con un brillante violín de mieles
y estacioné mi existencia frente
a un partitura improvisada,
pero profesionalmente ejecutada,
solo para mí, aunque por la esquina
escogida por el musicólogo, deambulaban
miles de personas. Observé a ese Hombre,
vestido formalmente con un frac obscuro
y unos zapatos refinados de charol,
y un corbatín que contrastaba
con su vestimenta, era fucsia
y resaltaba de una camisa muy blanca.
Cuando la melodía finalizó,
había lágrimas en mis mejillas...
El músico tomó su violín solemnemente
y reverenció mi aplauso y al decir gracias;
también surgió una lágrima suave.
El viento jugaba con su cabello de armiño,
y la lágrima se perdió en sus arrugas
pronunciadas; algunas personas,
que habían permanecido menos
de treinta segundos, lanzaron algunas monedas
en la caja protectora del instrumento mágico.
Metí mi mano a la bolsa y solo tenía
veinticinco centavos, me agaché
y los puse suavemente, pensando,
que no habría transporte para llegar al almuerzo...
El hombre maduro y con una voz
dulce tomó mi hombro y dijo
lentamente, "...Tu no pagas por este concierto."
Extendió su mano y dijo: "...debería yo,
pagarte por ser mi único espectador...
¿Cuál es tu nombre niño?" El ruido,
era insoportable y el calor peor...
Cuando el hombre recogía sus cosas,
vi un rotulo que había colocado
en su atril que decía:
"YO NO PIDO LIMOSNAS..."
Me despedí de aquél hombre sin
saber a quién había escuchado
ejecutar valses, gratis, con la maestría
celestial, por la que muchos vanidosos
pagan, para luego contar que fueron al teatro...
augus 28 enero 2011.
Con diez años y un copete
al estilo de Elvis Presley,
cuando la lección era reiterativa,
porque los demás no entendían
abandonaba el aula con la protesta
de la buena maestra; y bella maestra,
es imposible olvidar su labios.
Entonces con diez años y a las
diez de la mañana, caminaba.
Ese día: llegué al populoso mercado
y compré frutas, me gustaba
ver a la gente comprando,
cosas que no necesitaban.
De repente llegó a mis oídos
una melodía que sobresalía
del barullo de la urbe, mmmm,
en un Sol Mayor, se ejecutaba
un vals de Straus; Straus Padre,
por supuesto; me encaminé
hacia donde jugaba el músico
con un brillante violín de mieles
y estacioné mi existencia frente
a un partitura improvisada,
pero profesionalmente ejecutada,
solo para mí, aunque por la esquina
escogida por el musicólogo, deambulaban
miles de personas. Observé a ese Hombre,
vestido formalmente con un frac obscuro
y unos zapatos refinados de charol,
y un corbatín que contrastaba
con su vestimenta, era fucsia
y resaltaba de una camisa muy blanca.
Cuando la melodía finalizó,
había lágrimas en mis mejillas...
El músico tomó su violín solemnemente
y reverenció mi aplauso y al decir gracias;
también surgió una lágrima suave.
El viento jugaba con su cabello de armiño,
y la lágrima se perdió en sus arrugas
pronunciadas; algunas personas,
que habían permanecido menos
de treinta segundos, lanzaron algunas monedas
en la caja protectora del instrumento mágico.
Metí mi mano a la bolsa y solo tenía
veinticinco centavos, me agaché
y los puse suavemente, pensando,
que no habría transporte para llegar al almuerzo...
El hombre maduro y con una voz
dulce tomó mi hombro y dijo
lentamente, "...Tu no pagas por este concierto."
Extendió su mano y dijo: "...debería yo,
pagarte por ser mi único espectador...
¿Cuál es tu nombre niño?" El ruido,
era insoportable y el calor peor...
Cuando el hombre recogía sus cosas,
vi un rotulo que había colocado
en su atril que decía:
"YO NO PIDO LIMOSNAS..."
Me despedí de aquél hombre sin
saber a quién había escuchado
ejecutar valses, gratis, con la maestría
celestial, por la que muchos vanidosos
pagan, para luego contar que fueron al teatro...
augus 28 enero 2011.
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