PAUL SOLER
Poeta recién llegado
NOSTALGIAS
Yo ya estoy en el valle,
cavilando mi sombrío ayer
de lagunas oscuras y playas lejanas.
Los pájaros de mi pecho van cantando
tristes yaravíes de ausencia.
Vivir bajo la inmensa ala de la sombra
nos vuelve el alma de torpes y retraídos.
¿Quién pudiera vivir en esta isla de soledad?
Yo ya estoy en el valle,
meditando como una piedra andina
bajos las pardas y horrendas nubes.
Llega al huerto, anclado en su olvido,
los sabores desabridos de los juncos y rosas;
llegan los dulzores del amor ido.
Yo ya estoy en mi collado
cavilando mi sombrío atardecer
de silentes alboradas;
y como suspirando sus penas internas,
ronda el viento por el patio ausente.
A la luz de la rutilante sombra,
la tarde acelera su partida
hacia los sueños roídos por los desdenes;
y este verano, de frígido corazón,
atiza la llama doliente de las tristezas
y pintan profundos arreboles
en la cresta de los vastos alcores desvalidos.
Yo ya estoy en el valle,
cavilando mi sombrío ayer
de lagunas oscuras y playas lejanas.
Los pájaros de mi pecho van cantando
tristes yaravíes de ausencia.
Vivir bajo la inmensa ala de la sombra
nos vuelve el alma de torpes y retraídos.
¿Quién pudiera vivir en esta isla de soledad?
Yo ya estoy en el valle,
meditando como una piedra andina
bajos las pardas y horrendas nubes.
Llega al huerto, anclado en su olvido,
los sabores desabridos de los juncos y rosas;
llegan los dulzores del amor ido.
Yo ya estoy en mi collado
cavilando mi sombrío atardecer
de silentes alboradas;
y como suspirando sus penas internas,
ronda el viento por el patio ausente.
A la luz de la rutilante sombra,
la tarde acelera su partida
hacia los sueños roídos por los desdenes;
y este verano, de frígido corazón,
atiza la llama doliente de las tristezas
y pintan profundos arreboles
en la cresta de los vastos alcores desvalidos.
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