Se pierde la mirada
buscando al lucero ausente,
sólo la luna
y la noche con su traje de gala.
Nunca faltan las nostalgias
que respiran las sienes,
acechando
- como pájaros -
el instante
en que muere el amor.
Duele la risa,
se rompe la voz,
en el sordo eco de la
infinitud del abismo,
en esta otra parte
de mí que desconozco.
Yo fui testigo de tu verso,
tu silencio,
y la vida que se nos olvidó vivir.
Ana Mercedes Villalobos
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