Me pasa que reconozco
los verbos imperfectos
de tu mirada ausente
y la pendiente infinita
de tus curvas
atravesadas impunemente por mis labios.
Sueño que sucedimos juntos,
constantes, al descuido del viento,
concientes del olor plateado
de nuestras propias mañanas
y de las despedidas tenues
de la rutina común.
Recuerdo el brillo
de nuestra pequeña calle
castigada por la lluvia mientras caminabas,
también me regala mi memoria
la tarde liviana de tus lágrimas,
sin palabras, sin asuntos a tratar;
recuerdo el pecado permanente
de amarte en los rincones,
recuerdo todo de tu ser,
lo que si no recuerdo, mujer,
a es a mí, sin ti.
los verbos imperfectos
de tu mirada ausente
y la pendiente infinita
de tus curvas
atravesadas impunemente por mis labios.
Sueño que sucedimos juntos,
constantes, al descuido del viento,
concientes del olor plateado
de nuestras propias mañanas
y de las despedidas tenues
de la rutina común.
Recuerdo el brillo
de nuestra pequeña calle
castigada por la lluvia mientras caminabas,
también me regala mi memoria
la tarde liviana de tus lágrimas,
sin palabras, sin asuntos a tratar;
recuerdo el pecado permanente
de amarte en los rincones,
recuerdo todo de tu ser,
lo que si no recuerdo, mujer,
a es a mí, sin ti.