Alejandro Magno
Poeta recién llegado
En un mundo de amargo y negro chocolate,
hallé un delicado oásis de dorada miel.
Una bella hada que derrama su magia,
con fascinante suavidad sobre mi piel.
Ella, de aquí en más mi musa por excelencia,
mi eterna dueña por propia voluntad.
Quien atesora como nadie mis besos,
cuyo único precio fue la sinceridad.
Es ella quien más desestabiliza mi mundo,
y a su vez quien más me centra en él.
Su compañía me hizo amar la lluvia,
y su boca quitó el amargo sabor a café.
Dió una estupenda cátedra de valentía,
y un extenso sermón de fé a mi idiotez.
Abrazando nuestros dedos prometió,
no soltar mi mano hasta la estación de la vejez.
Si incluso tatuó en su blanca piel,
heridas que no le correspondían.
Hizo suyos todos mis errores,
y vistió de verdades mis mentiras.
Aclaro, mi fuerte no será la vista,
pero vaya que me funciona el corazón.
Ve con claridad lo que haces por mí,
pero nadie sabe que haría yo por vos.
Alzo la vista al cielo, mi mente se pierde en su color.
Ya no mengua la luna, menos aún nos mengua el amor.
La llovizna a penas se siente, se funde inutil con mi sudor.
Las nubes son solo de paso, cuando es tan pura la ilusión.
hallé un delicado oásis de dorada miel.
Una bella hada que derrama su magia,
con fascinante suavidad sobre mi piel.
Ella, de aquí en más mi musa por excelencia,
mi eterna dueña por propia voluntad.
Quien atesora como nadie mis besos,
cuyo único precio fue la sinceridad.
Es ella quien más desestabiliza mi mundo,
y a su vez quien más me centra en él.
Su compañía me hizo amar la lluvia,
y su boca quitó el amargo sabor a café.
Dió una estupenda cátedra de valentía,
y un extenso sermón de fé a mi idiotez.
Abrazando nuestros dedos prometió,
no soltar mi mano hasta la estación de la vejez.
Si incluso tatuó en su blanca piel,
heridas que no le correspondían.
Hizo suyos todos mis errores,
y vistió de verdades mis mentiras.
Aclaro, mi fuerte no será la vista,
pero vaya que me funciona el corazón.
Ve con claridad lo que haces por mí,
pero nadie sabe que haría yo por vos.
Alzo la vista al cielo, mi mente se pierde en su color.
Ya no mengua la luna, menos aún nos mengua el amor.
La llovizna a penas se siente, se funde inutil con mi sudor.
Las nubes son solo de paso, cuando es tan pura la ilusión.