noskrad
Poeta asiduo al portal
Y la sed de venganza se volvió lenta agonía y nostalgia,
no tengo que esconderme ante una máscara de cortesía y lealtad,
felizmente aceptaré el castigo del destino, después de terminar el juicio,
cuando colapsó el odio y el resentimiento, por temor, por amor, por acto de sedición.
La clepsidra ahogó el rencor por cada minuto en cuenta regresiva,
todos sabíamos que ese día llegaría,
en donde nadie proyectará palabra alguna,
pero el toque de cada campanada, hará recordar cuanto la amaba.
¿Y si todo fue una ilusión?
Un sueño atestado de ratas,
que carcomían el cimiento de nuestras casas,
la confianza y las simples palabras.
Nunca será como antes,
la ceguera que es la bendición,
aunque torturado sea,
ante el mal nunca más agacharé la cabeza.
Y así volaron las hojas de mi libro de la vida,
como hojas de un gran roble, como lágrimas que siempre recorren,
el rostro de la injusticia, el muro de los lamentos y de la envidia,
para nunca volver ha escuchar, para nunca más ver y retornar
A un lugar que tal vez fue mi hogar,
un sitio muy distinto al destierro, al infierno, al vivir fuera de mi tiempo,
terrenos a los cuales no pertenezco,
Sólo consumo experiencia y recuerdos.
Y la torpeza me abrazó hasta asfixiarme,
¿Cómo pensaba vivir sin experimentar?
Sin probar la hiel de la derrota,
la miel de la victoria, de tus labios las palabras más grandiosas.
Podría escribir hasta después de mi muerte,
pero ya no tiene caso gritar en silencio lo que se siente,
desaparecer como la lluvia en el desierto,
con el dolor y el sufrimiento hasta el cuello.
No es una despedida más, no es una carta suicida,
es un poema a la vida,
a la que intenté llamar mi amiga,
y que no recibí respuesta alguna.
Desde el nacimiento, desde el crecimiento,
se intentó cambiar el curso del macabro juego,
ningún triunfo podría devolver lo que se perdió
Sólo fechas, solo años, nadie sabe cuando pasará todo
Si no se escucha la vos de la vida,
si no se ve la esperanza en sus ojos y el nuevo día.
Αντίο και καλή τύχη
no tengo que esconderme ante una máscara de cortesía y lealtad,
felizmente aceptaré el castigo del destino, después de terminar el juicio,
cuando colapsó el odio y el resentimiento, por temor, por amor, por acto de sedición.
La clepsidra ahogó el rencor por cada minuto en cuenta regresiva,
todos sabíamos que ese día llegaría,
en donde nadie proyectará palabra alguna,
pero el toque de cada campanada, hará recordar cuanto la amaba.
¿Y si todo fue una ilusión?
Un sueño atestado de ratas,
que carcomían el cimiento de nuestras casas,
la confianza y las simples palabras.
Nunca será como antes,
la ceguera que es la bendición,
aunque torturado sea,
ante el mal nunca más agacharé la cabeza.
Y así volaron las hojas de mi libro de la vida,
como hojas de un gran roble, como lágrimas que siempre recorren,
el rostro de la injusticia, el muro de los lamentos y de la envidia,
para nunca volver ha escuchar, para nunca más ver y retornar
A un lugar que tal vez fue mi hogar,
un sitio muy distinto al destierro, al infierno, al vivir fuera de mi tiempo,
terrenos a los cuales no pertenezco,
Sólo consumo experiencia y recuerdos.
Y la torpeza me abrazó hasta asfixiarme,
¿Cómo pensaba vivir sin experimentar?
Sin probar la hiel de la derrota,
la miel de la victoria, de tus labios las palabras más grandiosas.
Podría escribir hasta después de mi muerte,
pero ya no tiene caso gritar en silencio lo que se siente,
desaparecer como la lluvia en el desierto,
con el dolor y el sufrimiento hasta el cuello.
No es una despedida más, no es una carta suicida,
es un poema a la vida,
a la que intenté llamar mi amiga,
y que no recibí respuesta alguna.
Desde el nacimiento, desde el crecimiento,
se intentó cambiar el curso del macabro juego,
ningún triunfo podría devolver lo que se perdió
Sólo fechas, solo años, nadie sabe cuando pasará todo
Si no se escucha la vos de la vida,
si no se ve la esperanza en sus ojos y el nuevo día.
Αντίο και καλή τύχη