AlejandroCifuente
Poeta recién llegado
La vereda camina como amuleto lento sobre la madrugada
como sombrero de tierra abandonado en la marea
y los árboles quedan ciegos como extrañas voces conocidas
mientras el verde gris nos acaricia nuestra médula.
Y los vasos de paño envuelto entre los dedos
disparan un gatillo donde las bocas degluten al silencio
para socavar este agujero de miradas distantes que
se funden en el sitio de los cuerpos alejados.
Por eso el verano se fuga de las estaciones
donde los pañuelos de piedra flotan en el aire
y las constelaciones comienzan a transparentarse
como nada prófuga de la vía láctea.
Mientras los veleros destiñen nuestro cielo de plata
nuestra noche inexistente es el vacío que nos sueña.
como sombrero de tierra abandonado en la marea
y los árboles quedan ciegos como extrañas voces conocidas
mientras el verde gris nos acaricia nuestra médula.
Y los vasos de paño envuelto entre los dedos
disparan un gatillo donde las bocas degluten al silencio
para socavar este agujero de miradas distantes que
se funden en el sitio de los cuerpos alejados.
Por eso el verano se fuga de las estaciones
donde los pañuelos de piedra flotan en el aire
y las constelaciones comienzan a transparentarse
como nada prófuga de la vía láctea.
Mientras los veleros destiñen nuestro cielo de plata
nuestra noche inexistente es el vacío que nos sueña.