Rafael Gárate
Poeta recién llegado
Hagamos nuestra propia navidad,
fuera de tiempo, lejos del alboroto,
una navidad sin pinos muertos...
y abrazos artificiales.
Lejos de esferas plásticas...
y excénta de frases trilladas.
Adornemos no solo un pino,
sino un bosque entero
con estrellas de aquel cielo;
ellas brillarán todo el año.
A la orilla del mar de tus ojos
me sentaré con mi anzuelo,
para ver si pesco con él
tu más hermosa mirada,
o algún pececillo de colores.
Esperemos luego la media noche...
Hablando de recuerdos
dormidos a la sombra del ayer...
Ocultos bajo las hojas secas de algún otoño.
Luego al llegar la hora,
tomemonos de la mano...
Y sin decir palabra alguna,
subamos a aquella montaña,
testigo de tantos ocasos.
Y luego allí,
bajo la luz de tu sonrisa,
y al fondo, la ciudad dormida,
Sucumbamos amiga mia,
en aquella nuestra felíz navidad...
Ante la fuerza impetuosa...
De un abrazo etérno.
fuera de tiempo, lejos del alboroto,
una navidad sin pinos muertos...
y abrazos artificiales.
Lejos de esferas plásticas...
y excénta de frases trilladas.
Adornemos no solo un pino,
sino un bosque entero
con estrellas de aquel cielo;
ellas brillarán todo el año.
A la orilla del mar de tus ojos
me sentaré con mi anzuelo,
para ver si pesco con él
tu más hermosa mirada,
o algún pececillo de colores.
Esperemos luego la media noche...
Hablando de recuerdos
dormidos a la sombra del ayer...
Ocultos bajo las hojas secas de algún otoño.
Luego al llegar la hora,
tomemonos de la mano...
Y sin decir palabra alguna,
subamos a aquella montaña,
testigo de tantos ocasos.
Y luego allí,
bajo la luz de tu sonrisa,
y al fondo, la ciudad dormida,
Sucumbamos amiga mia,
en aquella nuestra felíz navidad...
Ante la fuerza impetuosa...
De un abrazo etérno.