IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Porque a dios no se lo critica,
y si tan solo existiese
sería el causante de todo mal,
así mismo con los hombres,
así mismo con las mujeres,
jugamos con el poder
de traer una vida al mundo,
una vida más que será
aleccionada y juzgada,
en un mundo corrupto e impío,
no hay pulcritud en la palabra de dios,
así mismo como no hay bondad
en la palabra de una anciana
a la que el tiempo curtió,
con locura e insalubridad,
la felicidad quedó a un costado,
abandonada por una responsabilidad
que nos ahoga día a día,
y hay demasiados
que alardean de su sufrimiento,
así la idea, así la condena,
no hay arena que no nos trague,
la efervescencia de la vida
nos consume el cuerpo entero,
y aún así deseamos el poder,
de subyugar a los odiados,
de odiar a los que se nos diferencian,
y diferenciar humanos
nos conduce a la peor condición
que un ser pueda acarrear,
¿como iluminamos a un mundo
que no puede encenderse por si mismo?,
la respuesta parece estar
debajo de nosotros,
estamos parados justo encima
de esa razón que nos conmueve
y nos paraliza,
la respuesta nunca será la vida,
porque ya se ha experimentado
que solo nos hiere,
y el que desea sobrevivir, muere,
porque la muerte
es ese sueño que se aparta de la vida,
pero es realidad,
y encontrarlo
no es nuestra responsabilidad,
nosotros somos desgraciados transeúntes,
y nuestra única gracia es no sufrir.
y si tan solo existiese
sería el causante de todo mal,
así mismo con los hombres,
así mismo con las mujeres,
jugamos con el poder
de traer una vida al mundo,
una vida más que será
aleccionada y juzgada,
en un mundo corrupto e impío,
no hay pulcritud en la palabra de dios,
así mismo como no hay bondad
en la palabra de una anciana
a la que el tiempo curtió,
con locura e insalubridad,
la felicidad quedó a un costado,
abandonada por una responsabilidad
que nos ahoga día a día,
y hay demasiados
que alardean de su sufrimiento,
así la idea, así la condena,
no hay arena que no nos trague,
la efervescencia de la vida
nos consume el cuerpo entero,
y aún así deseamos el poder,
de subyugar a los odiados,
de odiar a los que se nos diferencian,
y diferenciar humanos
nos conduce a la peor condición
que un ser pueda acarrear,
¿como iluminamos a un mundo
que no puede encenderse por si mismo?,
la respuesta parece estar
debajo de nosotros,
estamos parados justo encima
de esa razón que nos conmueve
y nos paraliza,
la respuesta nunca será la vida,
porque ya se ha experimentado
que solo nos hiere,
y el que desea sobrevivir, muere,
porque la muerte
es ese sueño que se aparta de la vida,
pero es realidad,
y encontrarlo
no es nuestra responsabilidad,
nosotros somos desgraciados transeúntes,
y nuestra única gracia es no sufrir.