Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nuestras Madres
Siempre existió el amor
de una mujer en nuestras vidas,
fueron nuestras infatigables madres
las que acariciaban y protegían
nuestros infantiles sueños,
con el suave latido
de nuestro ingenuo corazón,
fueron nuestras madres
las que siempre nos daban
la bienaventurada, y socorrida razón,
éramos unos críos pequeños
que apenas
alcanzábamos un metro de altura,
pero eran nuestras madres
las que en sus vientres nos concibieron,
con el único objetivo de darnos la aventura
en nuestro alegre y pequeño corazón,
fueron ellas y sólo ellas
las que nos regalaban las flores
de tan maravillosos y floridos colores
y las prebendas
de un apasionado y dulce amor,
fueron ellas y sólo ellas
las que nos regalaban con el prodigioso
y venerado amor,
darnos sus afanosas caricias
para con las milagrosas y preñadas
bienaventuranzas de sus senos,
soñar con nuestros pequeños sueños
y a las dulces sirenas venerar,
cuando en nuestros juegos de la noche
con ellas dormidas, estábamos despiertos,
y con las sirenas podíamos,
soñar y jugar.
Autor: Ángel San Isidro
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