cicuta
Poeta recién llegado
[center:c43d5ed431]Y la luna
es mi hostia consagrada.
Y ese riachuelo escarlata
es mi sangre sacrificada.
Y en la noche oscura
se escondió todo,
las lágrimas y
las risas,
eso era lo que nos quedaba ahora.
Abandonados en la calle,
tragando el salado sabor
de nuestro llanto
y
dibujando temblorosas
sonrisas en nuestros rostros.
Caminamos,
unos tratando de reír con el pasar
del viento,
otros tratando de calmar al corazón
melancólico.
Recuerdos...
recordados aquella noche,
y más lágrimas,
un último abrazo
y una oración desconsolada,
el adiós de un amigo y el cariño de otro.
Y la luna,
mi hostia consagrada
no hacía nada más que mirar.
Y mi sangre,
riachuelo escarlata
no hacía nada más que correr.
Los recuerdos,
las lágrimas,
las sonrisas y
las oraciones desconsoladas
en el cielo de aquella
noche de aquel febrero.
Ese febrero que no se va
y esas lágrimas
que todavía no se secan en nuestros rostros.[/center:c43d5ed431]
es mi hostia consagrada.
Y ese riachuelo escarlata
es mi sangre sacrificada.
Y en la noche oscura
se escondió todo,
las lágrimas y
las risas,
eso era lo que nos quedaba ahora.
Abandonados en la calle,
tragando el salado sabor
de nuestro llanto
y
dibujando temblorosas
sonrisas en nuestros rostros.
Caminamos,
unos tratando de reír con el pasar
del viento,
otros tratando de calmar al corazón
melancólico.
Recuerdos...
recordados aquella noche,
y más lágrimas,
un último abrazo
y una oración desconsolada,
el adiós de un amigo y el cariño de otro.
Y la luna,
mi hostia consagrada
no hacía nada más que mirar.
Y mi sangre,
riachuelo escarlata
no hacía nada más que correr.
Los recuerdos,
las lágrimas,
las sonrisas y
las oraciones desconsoladas
en el cielo de aquella
noche de aquel febrero.
Ese febrero que no se va
y esas lágrimas
que todavía no se secan en nuestros rostros.[/center:c43d5ed431]