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Nuestro ayer de cuervos

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Te acuerdas aquella noche

parecida a la sangre de los mudos?

Los taxis flotaban en agua turbia

y te pintabas las uñas en el balcón.

Me decías, ven a ver cómo muere la gente.

Yo no veía a nadie; el vacío era sólo acetona y rojo carmín.



La poesía de los cables, tu ropa.

Yo era un río de ángeles muertos.

A ciertas horas la zorra cruzaba los railes

y volteaba la cabeza para mirar a los mendigos

dormidos sobre el puente.

A veces subía los escalones, se atrevía a morder.

Los trenes de mercancía eran un orgasmo de la distancia.



El amanecer tiene cuarenta y una heridas.

Cuarenta y una fotos del cáncer de la luz.

El plomo de mi lengua se destiñe

y se vuelve demasiado duro para los alicates del tiempo.

Los mendigos han desaparecido. Tu recuerdo es una zorra que hiere la pupila del silencio

y hay dioses como pelicanos

que atragantan mi alma extraviada en un delta de pobreza.

El roble que lleva tatuado nuestro ayer de cuervos

aletea sobre la pasarela

y veo cómo muere la gente.
 
¿Te acuerdas aquella noche

parecida a la sangre de los mudos?

Los taxis flotaban en agua turbia

y te pintabas las uñas en el balcón.

Me decías, ven a ver cómo muere la gente.

Yo no veía a nadie; el vacío era sólo acetona y rojo carmín.



La poesía de los cables, tu ropa.

Yo era un río de ángeles muertos.

A ciertas horas la zorra cruzaba los railes

y volteaba la cabeza para mirar a los mendigos

dormidos sobre el puente.

A veces subía los escalones, se atrevía a morder.

Los trenes de mercancía eran un orgasmo de la distancia.



El amanecer tiene cuarenta y una heridas.

Cuarenta y una fotos del cáncer de la luz.

El plomo de mi lengua se destiñe

y se vuelve demasiado duro para los alicates del tiempo.


Los mendigos han desaparecido. Tu recuerdo es una zorra que hiere la pupila del silencio

y hay dioses como pelicanos

que atragantan mi alma extraviada en un delta de pobreza.

El roble que lleva tatuado nuestro ayer de cuervos

aletea sobre la pasarela

y veo cómo muere la gente.

Excelente poema, compañero. Increíblemente penetrantes las imágenes que cargan estos versos.
¡Aplausos!
 
¿Te acuerdas aquella noche

parecida a la sangre de los mudos?

Los taxis flotaban en agua turbia

y te pintabas las uñas en el balcón.

Me decías, ven a ver cómo muere la gente.

Yo no veía a nadie; el vacío era sólo acetona y rojo carmín.



La poesía de los cables, tu ropa.

Yo era un río de ángeles muertos.

A ciertas horas la zorra cruzaba los railes

y volteaba la cabeza para mirar a los mendigos

dormidos sobre el puente.

A veces subía los escalones, se atrevía a morder.

Los trenes de mercancía eran un orgasmo de la distancia.



El amanecer tiene cuarenta y una heridas.

Cuarenta y una fotos del cáncer de la luz.

El plomo de mi lengua se destiñe

y se vuelve demasiado duro para los alicates del tiempo.

Los mendigos han desaparecido. Tu recuerdo es una zorra que hiere la pupila del silencio

y hay dioses como pelicanos

que atragantan mi alma extraviada en un delta de pobreza.

El roble que lleva tatuado nuestro ayer de cuervos

aletea sobre la pasarela

y veo cómo muere la gente.


Una gozada de nuevo es observar tus paisajes y oler tus poemas.

Abrazos

Palmira
 
¿Te acuerdas aquella noche

parecida a la sangre de los mudos?

Los taxis flotaban en agua turbia

y te pintabas las uñas en el balcón.

Me decías, ven a ver cómo muere la gente.

Yo no veía a nadie; el vacío era sólo acetona y rojo carmín.



La poesía de los cables, tu ropa.

Yo era un río de ángeles muertos.

A ciertas horas la zorra cruzaba los railes

y volteaba la cabeza para mirar a los mendigos

dormidos sobre el puente.

A veces subía los escalones, se atrevía a morder.

Los trenes de mercancía eran un orgasmo de la distancia.



El amanecer tiene cuarenta y una heridas.

Cuarenta y una fotos del cáncer de la luz.

El plomo de mi lengua se destiñe

y se vuelve demasiado duro para los alicates del tiempo.

Los mendigos han desaparecido. Tu recuerdo es una zorra que hiere la pupila del silencio

y hay dioses como pelicanos

que atragantan mi alma extraviada en un delta de pobreza.

El roble que lleva tatuado nuestro ayer de cuervos

aletea sobre la pasarela

y veo cómo muere la gente.
Hola Marcus, siempre me encanta como hilas las imágenes para lograr un resultado excelente, parece que nos haces navegar en tu mirada cuando se inspira, me ha gustado mucho, te dejo un saludo y gran abrazo.
 
¿Te acuerdas aquella noche

parecida a la sangre de los mudos?

Los taxis flotaban en agua turbia

y te pintabas las uñas en el balcón.

Me decías, ven a ver cómo muere la gente.

Yo no veía a nadie; el vacío era sólo acetona y rojo carmín.



La poesía de los cables, tu ropa.

Yo era un río de ángeles muertos.

A ciertas horas la zorra cruzaba los railes

y volteaba la cabeza para mirar a los mendigos

dormidos sobre el puente.

A veces subía los escalones, se atrevía a morder.

Los trenes de mercancía eran un orgasmo de la distancia.



El amanecer tiene cuarenta y una heridas.

Cuarenta y una fotos del cáncer de la luz.

El plomo de mi lengua se destiñe

y se vuelve demasiado duro para los alicates del tiempo.

Los mendigos han desaparecido. Tu recuerdo es una zorra que hiere la pupila del silencio

y hay dioses como pelicanos

que atragantan mi alma extraviada en un delta de pobreza.

El roble que lleva tatuado nuestro ayer de cuervos

aletea sobre la pasarela

y veo cómo muere la gente.

Sueños que se contemplan entre esa materia definible y desgarrando espacios que abren el espectro de una
definicion radiante. felicidades por esta reluciente y sugerente obra. luzyabsenta

 
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