Alicia La Maya
Poeta fiel al portal
Mas allá de los relojes
y de los espacios clandestinos,
y de la brújula que nos marca el norte
y de los grados de nuestra temperatura,
somos un nosotros mas allá de las cosas.
Una conjunción sagrada de dos astros,
un eclipse de sol, donde me escondes,
una necesidad de llanto cada encuentro,
luz ahogada y luz resucitada
para volverse a hundir entre los párpados
de nuestros ángulos solitarios que esperan.
Y la calle que baja, y los semáforos,
y el cartel que no prende y el que prende,
toda esta realidad lenguaje de los cuerdos
para sentirnos, como pez en el agua,
en nuestra sintonía. Mentira. No es la mía.
Yo respiro si está tu olor rondando,
y voy, y vengo, y vuelvo y retrocedo,
tantas veces como tu piel me tiente,
y no sé si me alimento o es que enfermo,
o me duermo y sueño que te sueño.
Porque mi realidad se llama una locura,
un pasadizo que entre sombras y albas
va tejiendo en silencio las penumbras.
En un espacio interpersonal está nuestra posada.
Es como una cueva que protege este estado,
en un ritmo de vibraciones altas,
imperceptible y mágica, invisible.
En esa instancia inacible, período de tiempo
entre sístole y diástole, vivo contigo.
y de los espacios clandestinos,
y de la brújula que nos marca el norte
y de los grados de nuestra temperatura,
somos un nosotros mas allá de las cosas.
Una conjunción sagrada de dos astros,
un eclipse de sol, donde me escondes,
una necesidad de llanto cada encuentro,
luz ahogada y luz resucitada
para volverse a hundir entre los párpados
de nuestros ángulos solitarios que esperan.
Y la calle que baja, y los semáforos,
y el cartel que no prende y el que prende,
toda esta realidad lenguaje de los cuerdos
para sentirnos, como pez en el agua,
en nuestra sintonía. Mentira. No es la mía.
Yo respiro si está tu olor rondando,
y voy, y vengo, y vuelvo y retrocedo,
tantas veces como tu piel me tiente,
y no sé si me alimento o es que enfermo,
o me duermo y sueño que te sueño.
Porque mi realidad se llama una locura,
un pasadizo que entre sombras y albas
va tejiendo en silencio las penumbras.
En un espacio interpersonal está nuestra posada.
Es como una cueva que protege este estado,
en un ritmo de vibraciones altas,
imperceptible y mágica, invisible.
En esa instancia inacible, período de tiempo
entre sístole y diástole, vivo contigo.
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