Porqué mi silueta ondea extraviada en la mañana,
desesperada alborada que es sino demoledor.
Ahuecando mi ala herida por tan ruin desolación.
No merezco tu perdón y pido la absolución
de mis pecados vanales que me duelen y te duelen
a la hora más temprana,
al final de la jornada nocturna que yo apuraba
sabiendo que me esperebas inquieta,
a la ventana pasando muertas las horas
del crudo amanecer y en constante penitencia.
No regresaré a ese encuentro
que encuentro ya tan violento.
Amada mía, te extraño
pero me olvido de ti enredado con extraños
que como yo apuran prestos sus copas
y sus quehaceres noctámbulos.
No soy capaz, vida mía
de apartar en soledad este devenir confuso,
malhumorado y difuso.
Mas voy a pedir la ayuda
que me merezco y mereces
por sufrirme tantas veces como noches tiene el año
y volver mañana a antaño.
A la total plenitud de tus labios que sonrien,
de mis brazos que te oprimen contra mi pecho
y llacemos en nuestro lecho florido
que hasta verse interrumpido
era nuestro altar diario del gozo que profesamos
el uno al otro.
No hay otra razón entonces
para ponerse a la obra
que de sobra ocupará mis días hasta el final.
desesperada alborada que es sino demoledor.
Ahuecando mi ala herida por tan ruin desolación.
No merezco tu perdón y pido la absolución
de mis pecados vanales que me duelen y te duelen
a la hora más temprana,
al final de la jornada nocturna que yo apuraba
sabiendo que me esperebas inquieta,
a la ventana pasando muertas las horas
del crudo amanecer y en constante penitencia.
No regresaré a ese encuentro
que encuentro ya tan violento.
Amada mía, te extraño
pero me olvido de ti enredado con extraños
que como yo apuran prestos sus copas
y sus quehaceres noctámbulos.
No soy capaz, vida mía
de apartar en soledad este devenir confuso,
malhumorado y difuso.
Mas voy a pedir la ayuda
que me merezco y mereces
por sufrirme tantas veces como noches tiene el año
y volver mañana a antaño.
A la total plenitud de tus labios que sonrien,
de mis brazos que te oprimen contra mi pecho
y llacemos en nuestro lecho florido
que hasta verse interrumpido
era nuestro altar diario del gozo que profesamos
el uno al otro.
No hay otra razón entonces
para ponerse a la obra
que de sobra ocupará mis días hasta el final.