Nuestro lecho florido

lolomogo

Poeta recién llegado
Porqué mi silueta ondea extraviada en la mañana,
desesperada alborada que es sino demoledor.
Ahuecando mi ala herida por tan ruin desolación.
No merezco tu perdón y pido la absolución
de mis pecados vanales que me duelen y te duelen
a la hora más temprana,
al final de la jornada nocturna que yo apuraba
sabiendo que me esperebas inquieta,
a la ventana pasando muertas las horas
del crudo amanecer y en constante penitencia.
No regresaré a ese encuentro
que encuentro ya tan violento.
Amada mía, te extraño
pero me olvido de ti enredado con extraños
que como yo apuran prestos sus copas
y sus quehaceres noctámbulos.
No soy capaz, vida mía
de apartar en soledad este devenir confuso,
malhumorado y difuso.
Mas voy a pedir la ayuda
que me merezco y mereces
por sufrirme tantas veces como noches tiene el año
y volver mañana a antaño.
A la total plenitud de tus labios que sonrien,
de mis brazos que te oprimen contra mi pecho
y llacemos en nuestro lecho florido
que hasta verse interrumpido
era nuestro altar diario del gozo que profesamos
el uno al otro.
No hay otra razón entonces
para ponerse a la obra
que de sobra ocupará mis días hasta el final.
 

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