Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Me gustan las tardes sin dinero
paseando ocioso por el parque,
llevo encima mi lápiz, una goma
de borrar y mi libreta amarilla,
un puñado de cigarrillos,
el mechero y las llaves
para entrar luego en casa.
Un baño de sol y humo
me relaja, sentado en un banco
observo a las hormigas,
incansables, solidarias,
son las 15:00 horas,
esto está casi desierto,
un perrito negrito corretea
alrededor de su amo,
a la sombra
una pareja de enamorados
se abrazan
tumbados en la hierba,
el viento es pequeño hoy,
la mitad de la ciudad
duerme la siesta
y yo busco versos
en las hojas de los árboles,
las aves, gorriones,
palomas, picarazas,
tordos, cacatuas inmigrantes,
van y vienen dibujando
senderos en la tierra y en el aire.
Aquí me olvido de mí,
es como estar en una isla
desierta,
pero no me olvido de ella,
de Andrea,
en este banco nos besamos
huyendo del ruido
y del frío metal
de las calles,
su risa aun se escucha
entre los pinos,
enciendo otro cigarrillo,
si ya se, no es nada ecológico,
quizás algún día consiga
fumar sin remordimientos,
una ligera brisa acaricia
mi melena alborotada,
se está fraguando un poema
en mi mirada enamorada
de la vida que me abraza,
quiero que en el primer verso
estemos tú y yo
cogidos de la mano
caminando por este parque
que tanto nos conoce.
paseando ocioso por el parque,
llevo encima mi lápiz, una goma
de borrar y mi libreta amarilla,
un puñado de cigarrillos,
el mechero y las llaves
para entrar luego en casa.
Un baño de sol y humo
me relaja, sentado en un banco
observo a las hormigas,
incansables, solidarias,
son las 15:00 horas,
esto está casi desierto,
un perrito negrito corretea
alrededor de su amo,
a la sombra
una pareja de enamorados
se abrazan
tumbados en la hierba,
el viento es pequeño hoy,
la mitad de la ciudad
duerme la siesta
y yo busco versos
en las hojas de los árboles,
las aves, gorriones,
palomas, picarazas,
tordos, cacatuas inmigrantes,
van y vienen dibujando
senderos en la tierra y en el aire.
Aquí me olvido de mí,
es como estar en una isla
desierta,
pero no me olvido de ella,
de Andrea,
en este banco nos besamos
huyendo del ruido
y del frío metal
de las calles,
su risa aun se escucha
entre los pinos,
enciendo otro cigarrillo,
si ya se, no es nada ecológico,
quizás algún día consiga
fumar sin remordimientos,
una ligera brisa acaricia
mi melena alborotada,
se está fraguando un poema
en mi mirada enamorada
de la vida que me abraza,
quiero que en el primer verso
estemos tú y yo
cogidos de la mano
caminando por este parque
que tanto nos conoce.