Son relativos los cambios de aquella
avecilla que nos vió nacer, desde
la mañana hasta el oscurecer.
Nuestro planeta gime como llanto de
soldado condenado a morir,
el manantial se seca, el cielo se torna gris,
suspiros sin sentidos...
Murmullos que se oìan ya no se oiràn,
los latidos de aquèl rìo ya no continuaràn,
sin embargo la conciencia queda en blanco
como hoja de papel, melodìas de aquellos
àrboles no se escucharàn otra vez.
Flor que se marchita no vuelve a retoñar.
Para ganar la batalla hay que estar
unidos y asì seremos màs fuertes,
màs fuertes que Sanzòn o Hèrcules.
Unàmonos contra el huracàn que azota ha
aquella virgen mujer y que riega con su sensual
rocìo cada amanecer.
Tristeza peor que la de Edipo puede
existir como la nostalgìa de ver a
nuestro planeta morir.
Amemos lo natural, lo que nos
da la fragancia de mortales y que nos
embriaga con la miel de su inocencia
llevándonos al éxtasis por complacerla.