José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nuestro pulso
se dispersa entre nuestras venas.
Me recordaban tambores, los latidos.
Combinados.
Como cuando jugábamos con el media player
a remezclar latidos
y a componer música con ellos.
La primera flor de la incoherencia
Así se llamaba nuestra primera sinfonía de latidos.
Claro que te acuerdas.
Ahora no te condenes al infierno por estar muerto
o por vivir muerto.
Que ya llevamos bastante tiempo en el camino
y sabemos más de nuestros electrocardiogramas
que lo que sabe cualquiera.
se dispersa entre nuestras venas.
Me recordaban tambores, los latidos.
Combinados.
Como cuando jugábamos con el media player
a remezclar latidos
y a componer música con ellos.
La primera flor de la incoherencia
Así se llamaba nuestra primera sinfonía de latidos.
Claro que te acuerdas.
Ahora no te condenes al infierno por estar muerto
o por vivir muerto.
Que ya llevamos bastante tiempo en el camino
y sabemos más de nuestros electrocardiogramas
que lo que sabe cualquiera.
Última edición: