…de los remeros más estrictos,
o de esos pajarillos que rezaban, a la sombra de esa cálida rama….
de los ronroneos de esa gata de los misterios,
o de esas manos que elevaron, esta bahía de huesos…
de ese compañerismo que se elevaba por las montañas,
y el calor de estas oseras dentro del pecho…
y las muchachas del barrio, con sus símbolos alados,
y esos toros azules pescadores...
y cada vez que huíamos, dentro de una lata de sardinas…
cuando masticábamos las profundidades, y maduraban los oleajes…
y esas calles exaltadas,
y ese rock que ha roturado nuestros pasos…